Javier Retuerto
[Martes, 18 de enero de 2011]
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La demanda de decoro y salubridad de viejas casas y solares ha conducido al Alcalde de Arrecife a una intervención de adecentamiento de la propiedad privada con recursos públicos. Los propietarios de solares y viejos inmuebles parecen dividirse en dos grupos, uno, muy numeroso, que se encuentra a la espera de que la intervención municipal resuelva lo que legalmente le corresponde a la propiedad, tal que garantizar unas condiciones mínimas en sus inmuebles, y un segundo grupo de tres o cuatro personas que emplean sus recursos para mantener sus viviendas en óptimas condiciones.
En el paquete de propietarios del primero de ellos, aparecen empresas y nombres vinculados a los poderes económicos locales, esos mismos a los que el Ayuntamiento no sólo no les ha exigido el deber de conservación, sino que ha solicitado su autorización, según se manifiesta, para intervenir en esas propiedades.
Podremos valorar como acertado, el interés mostrado por la administración municipal en devolver a la ciudad una cara más amable, pero resulta censurable el procedimiento de realización con cargo al dinero de los contribuyentes, así como la fórmula estética de parcheado y tapiado, que otorga una sensación de provisionalidad que, alargada en el tiempo, deja a la ciudad como cerrada por obras.
Pudiera haber sido más oportuno echar mano de los recursos legales existentes para instar a los propietarios a la restauración de esas fachadas, en tanto que la propiedad decidiera mantener cerradas las viviendas, y en caso de negativa o silencio, actuando desde la administración por medio de la ejecución de las obras, pasando el coste a los propietarios, eso, o el embargo en caso de no hacerlo.
La actuación de restauración permite la continuidad estética de los frentes construidos, lo que ayuda a cohesionar el tejido urbano y mantener en el ciudadano y los visitantes la percepción de un espacio compacto y no la situación actual de tapias entre edificios como una ciudad a medio construir tras un bombardeo. Bien es cierto que en medio, se ha producido la demolición de muchas viviendas, cuya desaparición no conducía a la construcción inmediata en los solares resultantes, sino que lo que realmente garantizaba era que nadie cayera en la tentación, en un futuro cercano, de proponer medidas de protección sobre determinados inmuebles antiguos, por lo que la demolición garantiza el aprovechamiento urbanístico del solar, una vez liberado de la carga del patrimonio.
La situación, efectivamente, lleva tiempo desmadrada y se ha llegado a este punto por un encadenamiento de actitudes irresponsables achacables, en primera instancia, a los propietarios, así como a la administración municipal, representada por sus técnicos y políticos que, mandato tras mandato, se han plegado al cumplimiento de las demandas de algunos de aquellos, enmarcado todo ello en un sencillo término muy al uso, como es el de corrupción.
Inventario de inmuebles que desaparecen posteriormente, catálogos de protección que, siéndolos en teoría, de su aplicación práctica se deduce la destrucción de los bienes protegidos… No parece todo ello más que parte de la misma ceremonia de la golfería en la que hemos estado embarcados en esta ciudad.
La nueva obra no está contribuyendo precisamente a materializar la buena disposición del alcalde de mejorar la percepción de Arrecife para una pretendida vocación turística, pues no se adoptan los medios para que, con la ejecución de ellas, se produzca un cambio perceptible de la deseada ciudad amable, al menos para evitar el sonrojo cuando contemplamos un ridículo trenecito con turistas con cara de perplejidad, pues lo que ven se sale de los esquemas de los lugares visitables, lo mismo que si a un grupo de alemanes los colocaran en idéntico vehículo para pasear por algún barrio deprimido de Madrid. Y no acabo de entender en qué piel se ponen nuestros dirigentes, pues cuando viajan, y lo hacen, se van a visitar barrios históricos, inmuebles históricos, parques, y hasta bares históricos, y tan bien que les parece todo.
Miles de metros de acera acogen baldosas y tapas de fundición, en tanto el cableado continúa colgando de las fachadas, no siendo de utilidad la infraestructura realizada, pues los nuevos tendidos telefónicos y eléctricos siguen multiplicándose por el aire. Las nuevas aceras siguen huérfanas de una política de arbolado, y las plantaciones anteriores cuentan con inconvenientes como son el de la indebida elección de las especies vegetales, que levantan el firme o se cuelan por las ventanas, acabando algunos árboles “misteriosamente” muertos.
La actuación de los servicios de jardinería tampoco ha propiciado la mejor imagen, apreciándose descorazonadoras muestras del matrimonio entre el mal gusto y un exceso de tijera.
Desconozco con cuántos asesores cuenta el Ayuntamiento de Arrecife, cuál es la tarea real que tienen encomendada, ni el presupuesto anual para el pago de sus nóminas, pero sí podemos tener la certeza de que ninguno de ellos cuenta con conocimientos para abordar la tarea de darle un vuelco a la ciudad, por lo que dar puestos de trabajo a un numeroso grupo de ciudadanos que no dan lucimiento a políticos ineficaces, resulta gravoso y, por tanto, una estafa a la ciudadanía que ha de soportar el afán recaudatorio municipal para mantener una doble plantilla de incapaces.
El 50% de los votantes encuestados, afirma no saber que votarían en la próxima cita electoral, por lo que podemos solicitar a los candidatos, con el fin de lograr una amplia participación en las urnas, las medidas a adoptar en caso de alcanzar tareas de gobierno, así como el compromiso de dimisión en caso de incumplimiento de las mismas. Eso, lo solicitaríamos a quienes tengan cabeza, pero la realidad nos indica que justo es lo que falta entre los que vienen protagonizando la vida pública.
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