Antonio Lorenzo
Cronista oficial de Arrecife
[Lunes, 17 de enero de 2011]
Después de años de proyectos, críticas y dimes y diretes, las opiniones sobre las condiciones de nuestro aeropuerto de Guasimeta, con ese como dice Agustín Pallarés, se han radicalizado con motivo de los recientes desvíos de vuelos as Fuerteventura por causa de vientos que obligaban a los aterrizajes por la cabecera 21, para entendernos mejor, entrando de norte a sur.
Hemos leído opiniones contradictorias de pilotos, técnicos y empresarios. Pero el día 6 de enero, como regalo de reyes, la prensa publicaba un diagrama, que tengo ala vista, de la modificación de la actual maniobra de aproximación que parecía ser lo que se denomina vulgarmente, el ‘huevo de Colón', o sea que con hacer que los aviones entraran sobre el mar como cualquier navío, y con una inversión que supongo al alcance de la todopoderosa económicamente AENA, estarla resuelto el problema de los vientos invernales. Pero ‘mi gozo en un pozo'. El día 12, el mismo periódico, La Provincia, nos comunica que el problema no se ha solucionado ya que, dice textualmente: “lo cierto es que el problema continúa dado que hay que diseñar en Madrid la nueva maniobra, operación ésta que es muy compleja”.
Ya se inician las protestas vecinales contra la entrada, dos veces en semana, una de un avión a la una y media de la madrugada y otra a las seis y media de la mañana. Me imagino las que acarreará cuando, en esos días malos, pasen continuamente, desde el mar, casi sobre Arrecife.
Hace muchos años Tenerife se planteó la construcción de un nuevo aeropuerto por las malas condiciones climatológicas del existente. Se dijo que era una cacicada y una maniobra de intereses particulares. Se construyó y hoy es uno de los más importantes de España.
Los majoreros, que son muy inteligentes, después de dos pruebas fallidas, Tefía y no recuerdo cuál otro, al final se decidieron por el actual aeropuerto de El Matorral, que incluso por sus buenas condiciones, es la solución de las de nuestra Isla.
Hace bastantes años, un proyecto, de lo que puedo dar fe, ya que por mi trabajo me correspondió elaborar las correspondientes certificaciones a efectos de expropiación, de terrenos para la construcción de un nuevo aeropuerto, en la zona de Las Maretas, de Yaiza, cerca de Playa Blanca.
Para que todo no sea negativo, les voy a contar un par de anécdotas, alguna de las cuales pudo ser trágica, pero que al fin solo quedaron en cómicas, y de las que también puedo dar fe, ya que atañen a mi familia.
En los años cincuenta del pasado siglo, un avión corre por la pista de nuestro aeropuerto, camino de Gran Canaria. La explosión de una rueda delantera, y el aparato que se escora peligrosamente. Alguien abre la puerta y una muchacha veinteañera, sin esperar a razones ni escalera, salta del avión y atraviesa corriendo hasta la antigua Terminal. Yo algunas veces, poniendo una pincelada de humor y un buen brochazo de exageración, le digo a mi mujer que seguramente ella es la única persona de Lanzarote que se ha tirado de un avión en marcha.
La segunda es que mi abuela murió hace más de setenta años y con más de noventa de edad, esperando a cobrar, y los herederos también esperamos, las treinta pesetas que le correspondían como indemnización por la expropiación de un terreno para la construcción del entonces aeródromo militar de Lanzarote. Un técnico jurídico nos informaría que la acción para reclamarlas prescribió hace más de medio siglo. Es verdad. Nos resignaremos a no cobrar los, traducido a la moneda de curso legal actual, los dieciocho céntimos de euro que nos corresponderían por la expropiación.
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