La hora de la verdad

 

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 6 de septiembre de 2010]

 

 

 

 

 

 

 

Cuatro años pasan volando. Después de la ardua tarea de conseguir meterte en una lista, pasas la estresante prueba de unas elecciones y te ves formando parte de una institución pública, en el gobierno o en la oposición. O pasas del gobierno a la oposición, y regresas al mando, alternativamente, como es el caso de Lanzarote, donde la inestabilidad política se ha convertido en norma.

Como quiera que sea, cuando te quieres dar cuenta han transcurrido cuatro años y no hay tiempo para lamentarse. Hiciste lo que hiciste, y lo que dejaste de hacer ya no tiene remedio. En general, todos los cargos públicos agotan su mandato envueltos en un halo de decepción. Se desvanece la ilusión de los primeros meses, cuando parecía que te ibas a comer el mundo, a mejorar la isla de arriba a abajo y a arreglar de una tacada todos los viejos y enquistados problemas. Otros, afortunadamente los menos, viven estos últimos meses hechos polvo porque se les acaba la posibilidad de lucrarse con la política, a no ser que repitan y siempre y cuando no los trinquen.

Muchos piden una nueva oportunidad. Se creen con más experiencia y sienten que han aprendido cómo funciona una administración pública. Si consiguen colocarse en puestos de salida de cara a las elecciones de mayo de 2010, piensan que lo harán mucho mejor, con más diligencia, y que no volverán a cometer los mismos errores. Pero no dejan de darle vueltas a la idea de si merece la pena permanecer en primera línea política en plena crisis económica, cuando se encuentran exhaustas las arcas públicas de las instituciones. Sin dinero, la política se desvanece.

Llegó la hora de la verdad. Es el momento de decidir quiénes encabezan las listas de cada partido político al Parlamento de Canarias, al Cabildo Insular y a los siete ayuntamientos, y cuáles son los nombres de los acompañantes. Muchos aspirantes para pocos puestos. Los modos no suelen ser pacíficos; todo lo contrario. Por lo general, vale de todo con tal de conseguir el objetivo. La regla dominante es quítate tú pa' ponerme yo... Pero lo trascendente no son las elecciones en sí mismas, sino obtener unos resultados más o menos esperados para que cuaje el pacto que, con antelación, se tiene en la cabeza y está más que cerrado. En algunos partidos, conseguir ser cabeza de lista equivale en la práctica a ser presidente del Cabildo o alcalde. Y los saben.

La consigna es colocarse. Para los integrantes del actual cuatripartito, situarse significa seguir mandando para imponer a sangre y fuego su débil y servil visión de la vida. Así de simple.

 

 

redaccion@diariodelanzarote.com

 

 

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