Antonio Lorenzo
Cronista oficial de Arrecife
[Viernes, 3 de septiembre de 2010]
No sólo por razones estéticas, sino fundamentalmente de salud, todos aspiramos a que nuestro cuerpo alcance, dentro de las indudables limitaciones, al ideal físico que, unido al del espíritu, nos acerque lo más posible al eslogan de una mente, o sea un espíritu sano en un cuerpo sano: Aquello de ‘mens sana in corpore sano.
Recuerdo de mi niñez y juventud que, en las revistas que nos llegaban desde tierras americanas, fuera ‘Carteles' de Cuba, y otras norteamericanas, cuyo nombre no recuerdo, un tal ‘Charles Atlas', nos ofrecía, desde luego previa compra del correspondiente libro, el método que, bajo el nombre de tensión dinámica, permitía que nuestro cuerpo se convirtiera en lo que su apellido decía, un verdadero atlante. Creo que es lo que hoy se denomina culturismo.
En los concursos que he presenciado, si bien en los hombres esa masa muscular es aceptable hasta cierto punto, en las mujeres, y que las practicantes me perdonen, me quedo con la Venus de Milo.
En mis caminatas diarias, observo las distintas actitudes de las personas con las que me cruzo o las que me adelantan. Desde los hombres de avanzada edad pasan sudorosos y resoplando, hasta las personas más prudentes que se lo toman con calma. Creo haber leído que el promotor de la práctica de la carrera terminó de un infarto en su actividad. Seguramente no sabía que Filípides, corredor ateniense, murió en su carrera ininterrumpida desde Maratón hasta Atenas, para dar cuenta de la victoria de sus compatriotas frente a los persas.
Pero lo curioso es el ceremonial que cada uno hacemos, digo hacemos, a lo largo de esa actividad. A la mitad del ‘Paseo del Colesterol' como se le suele llamar, existe un gran muro de piedra, y al llegar a él, cada persona toma una actitud. Uno se apoya con las dos manos inclinando el cuerpo; otro apoya su pié como para tomar impulso para la vuelta; un tercero flexiona las piernas en esa maniobra que llaman de estiramiento. Hay quien se agarra a una farola y tira de ella, que temo que alguna sea arrancada de su base. Debe ser la tensión dinámica de Charles Atlas. Los ejercicios respiratorios son infinitos, desde los ligeros abriendo un poco los brazos hasta los profundos que exigen a esos brazos un movimiento de casi aspa de molino.
En ese paseo suelen ser grandes protagonistas las mascotas. Se dice que los escarceos amorosos entre perro y perro, cualquiera que sea su sexo, suele ser el principio de una amistad que, muchas veces acaba en el idilio entre los propietarios. Me tienta a la risa el contraste entre la muchacha de menos de cuarenta quilos que, a duras penas, soporta el tirón del perro que casi la iguala en peso, y el hombrón de casi dos metros de estatura y más de cien quilos, de cuya mano parte un casi invisible hilo, y su extremo sujeta un chiguagua de menos de quinientos gramos.
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