Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 23 de agosto de 2010]
Al llegar agosto, el sosiego se ha instalado en la isla. Encontrándose de vacaciones ciertos periodistas y bastantes políticos, se disfruta un silencio reparador. La calma es sólo aparente, pues volverá el ruido nada más concluyan las fiestas grandes de Lanzarote, Los Dolores, a mediados de septiembre. Los partidos políticos cargan pilas ante el intenso trabajo que les aguarda hasta las elecciones autonómicas, insulares y locales previstas para el mes de mayo, partiendo con clara ventaja la reedición de los actuales pactos de gobierno. De sus candidatos nada se sabe porque, en general, no han sido designados.
La calma se torna en moderada intranquilidad en el ámbito turístico. Con la llegada del verano ha mejorado la afluencia respecto a 2009, pero no repuntan el optimismo y la confianza. Al contrario, porque ya sabemos que más turistas no significa mayor gasto en el destino; sólo mejor ocupación hotelera. Los restaurantes, los comercios y el sector del ocio apenas se ven beneficiados por la mejora de la afluencia. La construcción anda paralizada y el sector público no está ni para tirar voladores, vistos los recortes a los que se ve obligado. Con un panorama así, apenas hay expectativas para rebajar las altas cifras de desempleo. El presente sólo ofrece incertidumbre y el futuro se presenta muy incierto.
La pregunta que surge es si serán capaces los partidos políticos de mejorar el estado de ánimo colectivo con sus ofertas electorales, ya que ni la economía ni la sociedad son capaces de hacerlo. Los aspirantes a cargos públicos lo fueron en citas anteriores, eso está demostrado, a veces sacándose de las chisteras propuestas y promesas completamente irrealizables, como quien escribe una carta imposible a los Reyes Magos.
Aprestémonos a escuchar ofertas que garantizan convertir los sueños en realidad de un día para otro, como la diversificación de la economía, la autosuficiencia alimentaria y energética, la reconversión urbana de Arrecife, la creación de importantes infraestructuras, la erradicación del paro, la satisfacción ciudadana en equipamientos sanitarios, educativos y culturales... Al menos durante unos meses viviremos la ilusión de que las cosas pueden ir mejor. Luego, el día a día será otra cosa, dados los escasos recursos disponibles.
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