Jaime Puig
[Miércoles, 14 de julio de 2010]
En opinión del Servicio de Patrimonio Histórico del Cabildo, en los Jameos del Agua se ha cometido un “significativo atentado” contra un Bien de Interés Cultural. Ahora perderemos el tiempo acusándonos los unos a los otros, diciendo si es un montacargas o un montaburros, asegurando que cuando esté terminado quedará precioso y, en definitiva, tratando de pasar desapercibidos en otra monumental chafalmejada de los chafalmejas de cuentas corrientes desahogadas. Ciertamente parece complicado que nuestros políticos hagan algo…legal. El destrozo en Jameos, uno de los lugares de mayor protección de la isla, es importante y, aunque asunto menor, la apariencia de los alrededores de la obra polémica difieren en poco a los que nos podemos encontrar en el peor de los barrios donde crece sin control una autoconstrucción.
Para la segunda semana de octubre se ha fijado el juicio contra dos políticos (Dimas Martín y Sergio Machín) y un técnico (José Manuel Fiestas) por construir los aseos en la explanada de Mancha Blanca donde se erige la ermita de Nuestra Señora de Los Dolores. Lugar igualmente de alto valor patrimonial. Los baños, muy funcionales, han quedado preciosos e integrados. De hecho los litros de cerveza, ron y whisky que uno se echa cuando va a rezar, se mean muy a gusto. La pena es que, por unos metros, orinamos (y algo más) sobre la mismísima historia de Lanzarote. Precisamente por eso se dio valor patrimonial al lugar.
Estos dos casos citados, son el ejemplo de cómo a veces los que han de ser mayores garantes de que la Ley se cumpla, no tienen ningún reparo en pisotearla y luego tratar de hacernos ver que tampoco es para tanto. Y si malo es lo primero, peor lo segundo. Escuchar como escuchamos decir a cualquiera de ellos que “¡hombre, por unos baños necesarios la que están liando!”, “pero si ha quedado precioso y ni se nota”, “estos de Patrimonio no hacen sino joder”, o el “aquí no se puede tocar ni una piedra” es un auténtico escándalo que a todos nos debiera alarmar.
Porque ante la Ley, sólo hay dos caminos: cumplirla o no cumplirla. O se está con la Ley o se está fuera de la Ley. Y los políticos, aquellos que tratan de justificar lo injustificable, en lugar de estar jugando al envite con los textos legales debieran dedicarse a hacer permanentes ejercicios de pedagogía en sus múltiples comparecencias en radio y televisión. Decirlo claro y que el mensaje llegue al que, con menor formación o mayor buena fe, todavía cree en la palabra de los políticos y para contribuir a que los jóvenes que van incorporándose al carrusel no lo hagan confundidos. O se está con la Ley o se está fuera de la Ley. Que no les engañen con piedra negra, arena y veroles.
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