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Molinos de La Bufona

 

 

Antonio Lorenzo

Cronista oficial de Arrecife
[Miércoles, 2 de junio de 2010]

 

 

 

 

 

La originalidad no está en su silueta, ya que también la vemos en antiguas fotografías de los sedientos desiertos del oeste norteamericano o australianos. La originalidad está en que los molinos de aquellas lejanas tierras extraen del suelo aguas 'dulces', si se pueden llamar así, mientras que los de nuestras salinas sacaban agua salada, y cuanto más salada mejor, de los pozos submarinos, para llenar cocederos y tajos.

Es una decepción que, saliendo del magnifico entorno de nuestro Castillo de San José, nos encontremos unas abandonadas salinas que, debidamente recuperadas, serian unos de los paisajes más atrayentes de nuestra ciudad.

Pero lo que hoy me trae a este comentario es que, en mi diario paseo por la gran avenida del litoral arrecifeño, dos molinos, como hermanos gemelos, subsisten en las ya inexistentes salinas de La Bufona. Uno sin sus aspas, que deben encontrarse en el suelo, como un gigante recién decapitado, a punto de derrumbarse; y el otro que se resiste a morir, sobre su, no trípode ya que lo sostienen cuatro rudas vigas de gruesa madera, un ‘cuatrípode', si se puede admitir el término, chirriando entre herrumbres y moho, cuando el tiempo favorable lo permite, ya que su veleta, falta de engrase, no sabe ya orientarlo adecuadamente.

Ya sé de muchas dificultades, no sólo económicas, sino posiblemente legales, pues se encuentran en propiedad privada, lo harán muy difícil, pero sería boncito volver a verlos girar continuamente, como ya, a iniciativa de alguien a quien quiero agradecerlo, los recuperó y puso en marcha, hace bastantes años.

 

 

 

 

 

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