Oti Fabra
[Sábado, 20 de marzo de 2010]
El jueves, 17 de marzo, Canarias 7 se hace eco de unas manifestaciones del concejal de Arrecife, Pedro de Armas que, en una noticia firmada por C.I., expresa la urgencia del edil para “liquidar” la protección del Charco de San Ginés como bien de interés cultural (BIC).
Ignoro si el término liquidar es cosecha de quien firma la noticia, o es una traición de lo que podría pasar por la cabeza de un concejal de urbanismo que pudiera no ver la hora de que el desarrollo urbanístico de una parte de la ciudad no estuviera limitado por incomodas figuras de protección, tanto, que se llega a afirmar en la noticia de C7, que “no se puede hacer nada, ni conceder licencias de reforma, ni planificar actuaciones de ningún tipo, con lo que ello supone de bloqueo”. Falso lo primero, falso lo segundo, un embuste lo tercero y muy matizable lo último.
Hablando de pelotas en tejados ajenos, haciendo referencia a la falta de diligencia del Cabildo de Lanzarote para archivar la protección, lo cual se pone en boca del concejal, habría que aclarar, partiendo de la veracidad de lo que se expresa en la noticia, que donde ha estado la pelota siempre es en el tejado del ayuntamiento, algo que De Armas quisiera ignorar, como que es una potestad de esta administración el redactar un plan especial para El Charco, o sea ordenar ese espacio urbano, lo cual deja en cuestión su tercera aseveración.
La primera y la segunda afirmación se caen de maduras, porque a todo vecino que lo ha solicitado, y las fuentes son oficiales, se le ha permitido acometer las obras que ha necesitado, condicionadas a garantizar los valores presentes en el bien, tal y como sucede con Teguise, Haría, o los entornos de protección de los BIC insulares. También es cierto, que la muy exitosa campaña de contaminación, orquestada por sectores del empresariado, periodistas, y algunos dirigentes políticos, ha tenido su éxito, y ha logrado que la población abomine de las medidas de protección que intentan garantizar la pervivencia de los elementos que nos indican el devenir de un pueblo, que es justo lo que las declaraciones como la que se atribuyen a de Armas, logran.
No parece que ningún responsable de Urbanismo, tampoco éste, haya hecho mención a la obligación de la administración local en la tutela y vigilancia de los bienes históricos; a la adopción de las medidas de fomento para su preservación y revitalización; a dar a conocer el valor cultural de los bienes integrantes del patrimonio histórico canario del término municipal, más allá de difundir la foto del puente de las bolas, o a percatarse del recurso económico que llega a ser el patrimonio.
La presión urbanística es gorda, importantes los intereses económicos derivados de la especulación del suelo, y el pueblo, en una sin par orfandad, observando como, sin representantes públicos con crédito ni solvencia, a golpe de mentiras y piqueta, desaparece la ciudad antigua, esa a la que sustituye toda esa suerte de bodrios que ocupan tan valiosos suelos, los mismos que albergaron parte de la memoria material de Arrecife.
Es lo que toca.
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