Martín del Mar
[Viernes, 19 de marzo de 2010]
Al mirar con perspectiva algunos importantes episodios acaecidos en la isla en los últimos tres años, se llega fácilmente a la conclusión de que estamos ante el guión de un movimiento desesperado. El hito que desató el enroque para armar su defensa fue la denuncia que, en el año 2006, se interpuso por la existencia de una supuesta trama para la concesión de licencias hoteleras ilegales. Dos años después, se produjo un segundo hito: una nueva denuncia por un supuesto intento de soborno que más tarde dio pie a la Operación Unión, el 25 de mayo de 2009.
Poco a poco, esos dos chispazos han ido desvelando hechos que, hasta ese momento, sólo formaban parte de la imaginación colectiva. Ya no. Ahora vemos que todo se cruza y entrecruza, como una densa madeja que desprende corruptelas de variado calado. El movimiento defensivo primero procede de la densa madeja, que actúa como un todo indisoluble aunque con varios tentáculos. Pero el epicentro es el mismo: los señores del bloque, políticos reconvertidos en leales servidores de estos señores, políticos que hacen negocios a través de la política y, por último y al servicio de los anteriores, el sindicato de la mordaza. Y tres o cuatro caniches aspirantes a doberman.
Repasando el guión, se aprecia con claridad que lo primero que hicieron fue negar la mayor. A continuación, se dedicaron a desacreditar al denunciante con tenaz insistencia. Luego, se entretuvieron en manipular la opinión pública a través del control de los medios de comunicación. De inmediato, la consigna fue arrasar la sociedad civil y todo pensamiento crítico. Más tarde, hicieron lo imposible por forzar la constitución de gobiernos sumisos en las corporaciones locales para resolver ‘sus problemas'. Y, por el camino, se han atrevido a poner en entredicho a jueces, fiscales, policía judicial y la propia instrucción de los dos casos.
El movimiento, inicialmente defensivo, pasó a la ofensiva amparado en el creciente control de los resortes políticos, sociales y mediáticos. Se han ido creciendo a medida que sembraban la isla de bulos y rumores del más variado signo, algunos de ellos sencillamente disparatados. Esta es la situación actual: los sospechosos se han organizado, se defienden como gato panza arriba y atacan con todos los medios a su alcance, muchos ellos viles. Así, han ido arrinconando, acogotando y amordazando al grueso de la población que sigue creyendo que algún día se hará justicia y que quien la ha hecho acabará pagándolo.
De último, asistimos a una nueva vuelta de tuerca rememorando el viejo lema de “todos somos iguales” que tanto éxito proporcionó a Dimas Martín. Sus efectos son terribles, pues invitan a la desesperanza y a la aceptación de la derrota, y promueven el descrédito de la política y de las instituciones públicas. En el fondo y en las formas, se han venido defendiendo atacando la Operación Unión desde todos los ángulos. Y en eso están, desatados por la euforia que les produce el festín. Menos mal que la victoria de los vencidos siempre tiene la puerta abierta, así que toca aguantar hasta que se sacien.
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