Viñeta

Las obras de Titerroy
Felipe de la Cruz

 

 

 

Cuatro

 

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 8 de marzo de 2010]

 

 

 

 

 

 

 

 

Su nave va. A la deriva, pero flota a pesar de los elementos, representados por la justicia, y de un tiempo adverso que reclama a estos cuatro gobernantes templanza y tino, en lugar de conductas pendencieras. No es la primera vez que en Lanzarote unos gobernantes sobrepasan los límites que exige la etiqueta, no ya el buen gusto. Y así seguirá siendo, dispuestos a todo con tal de imponer sus veleidades autocráticas, incluyendo el exterminio. Negar la realidad, acallar la discrepancia y silenciar el pensamiento crítico con modos chusqueros; a eso se reduce todo.

Cuando se es intelectualmente flojito, políticamente débil y se representa lo mejor, eso sí, de la secular mediocridad insular, lo normal es que se cometan errores de enormes proporciones y se ocasionen daños irreparables. Si a ello se le añade una incapacidad estructural para el debate y la confrontación de ideas en democracia, lo lógico es que broten de sus adentros los más feos instintos. Gobernantes así sobran porque no están a la altura ni de los partidos políticos ni de de la institución que representan, a pesar de que crean que basta con lucir palmito, cuando, en realidad, no están ni para despachar en un chiringuito.

Como ha sucedido en otras ocasiones cuando se desata la represalia a causa de una inadecuada interiorización del ejercicio del poder, lo suyo es tratar de entender qué conduce a los gobernantes a la desmesura. Piensas en un ataque de ira, en un pronto chulesco provocado por una mezcla de inseguridad y de soberbia. Te aferras, entonces, a la creencia de que todo gobernante ha de ser comedido, y que está en la obligación de profundizar en el significado de la amenaza como código relacional, ya que no funciona. O que ha de detenerse en el sentido de la proporción para evitar caer en el ridículo. O contar hasta diez antes de actuar y someter su iniciativa al juicio de los colaboradores cercanos más sensatos. O avanzar hacia la tolerancia y el respeto a la diferencia, así sea a base de cucharadas soperas tomadas a la fuerza.

La persecución de los disidentes se ha convertido en el nuevo entretenimiento insular. Son investigados, arman un chamizo con cuatro conjeturas y lo arrojan a la trituradora del periodismo servil y enfermizo, que se ocupa del resto de la tarea.

 

 

 

 

 

 

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