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La deriva de Suso

 

 

Mario Alberto Perdomo

[Lunes, 1 de marzo de 2010]

 

 

 

 

 

 

Sin dirección y a merced de los vaivenes, Jesús Machín conduce la nave de CC proa al marisco. Impasible el ademán y firme al timón, su terquedad está ocasionando daños irreparables en la nave nodriza del nacionalismo lanzaroteño, a la vez que la desvía de su verdadero rumbo. Navegante inseguro y poco fiable, desconfía del talento y de la autonomía de criterio, como todo aprendiz a déspota parapetado tras un rostro amigable.

El desconcierto que está sembrando entre sus filas se debe a que se equivocó a la hora de escoger militancia, pues su trayectoria y su perfil responden al de un aventajado alumno del PIL. Por eso, en lugar de cambiar de partido y sanseacabó, se ha obcecado en reconvertir CC en una versión extemporánea del PIL. De ahí que sus principales apoyos provengan precisamente de esta fuerza política, y tan encantados que están. No puede ser de otra manera cuando les está haciendo el trabajo de demolición desde dentro.

Bien pensado, estamos, sencillamente, ante el recambio de la figura de Dimas Martín, ante el sustituto de sus maneras populistas y ausentes de ideología. Por eso, ha sido elegido por el núcleo duro del poder económico insular con el fin último de seguir explotando Lanzarote a su antojo.

Al contrario del espejo en el que se mira y que pretende emular en sus ensoñaciones, Jesús Machín es más manejable. Hombre campechano, recela del conocimiento y desprecia el componente ideológico en la política. Para él, la mejor política es la que rehuye de lo político para hacerse él presente encarnado en proyecto político único. Lo que piensa de los progresistas de CC ya se encarga él de decirlo: si por él fuera, al fuego redentor con todos ellos.

En CC ya se han afilado los cuchillos para dirimir las diferencias internas, pero aún es pronto para saber si Jesús Machín logrará su propósito de embarrancar la nave de CC con la ayuda de sus fieles remeros y regalar, luego, sus despojos al PIL y al PNL. Es pronto porque, enfrente y en su propio partido, hay muchos demócratas que vienen de vuelta de ese viaje y se han conjurado para pasar la página de los últimos 25 años de sumisión al caudillismo absolutista. Por el contrario, proponen un proyecto luminoso, atlántico y, en cierto sentido, ilustrado. Y Jesús Machín no sabe lo qué es eso.

 

 

 

 

 

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