Viñetas

Coche o chalana
Felipe de la Cruz

 

 

 

 

 

El tiempo vuela

 

 

Antonio Lorenzo

[Martes, 23 de febrero de 2010]

 

 

 

 

 

Tengo un reloj de esos clásicos con pesas y cadenas, que tiene grabado en su esfera, nada menos que en latín, un lema: ‘Tempus fugit', que podemos traducir libremente por: ‘El tiempo vuela' o ‘El tiempo huye'. Y nada mejor que un reloj para hacernos ver esa realidad.

Pero esa realidad, por causa de la edad, la nuestra, se transforma una vez más en relatividad, sometida a la ley que aquel sabio alemán de largas canas y ojos profundos supo enunciar.

En nuestra niñez y primera juventud el tiempo era inmenso, casi desesperante. La llegada de cualquier acontecimiento nos parecía una eternidad. Pasaban las fiestas patronales, los carnavales o las navidades y nos parecía que nunca volverían.

Vas ganando en edad y te das cuenta de que lo que dice el reloj en su esfera es la gran realidad. El tiempo se nos va de las manos de forma imparable. Ayer acabaron las fiestas de Navidad, año nuevo y reyes, y hoy caminando por una de nuestras calles, cuando aún parece llegar a nuestros oídos la música de comparsa y rondallas, ya he visto un escaparate con muchos colorines y un eslogan: ‘Prepárate para los carnavales'.

Hace unas noches, comentando con unos amigos lo de la rapidez con que pasa el tiempo a cierta edad, les decía: ‘Tengo una licuadora para preparar, cada mañana, el prescrito zumo de naranja'. Desde luego la limpio cada día, pero una vez en semana, los domingos, le hago una limpieza más profunda. Y cada domingo repito: ‘Otra vez la dichosa licuadora'. Tempus fugit, como dice el reloj.

 

 

 

 

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