
Jaime Puig
[Lunes, 22 de febrero de 2010]
El ejercicio práctico de la política es (o debiera ser) el resultante de una vocación de servicio público. Gente, como usted o como yo, que se siente útil y capaz de trabajar por el bien común de sus conciudadanos. Y se pone a ello. No por el afán de ganar dinero, sino de servir a la comunidad de la que forma parte. Al menos en la teoría. En la práctica, ya pondremos ejemplos, la cosa cambia mucho. Porque no todo el mundo da el salto a la arena para servir a la ciudadanía sino más bien para servirse de ella, que es bien distinto.
De entrada el ser mortal que un buen día llena dos mil quinientos sobres electorales y su partido lo pone el número tres en las listas al ayuntamiento, considera que da un salto de calidad tal que, como bien recuerda Ginés Quintana, el de Alternativa, cuando se dirige a sus vecinos los llama “ciudadanos”, en lugar de “conciudadanos” pues él, ese voluntarioso llena sobres, no deja de ser otro ciudadano más sólo que inconscientemente, o no, se aparta del vulgo para estar un escalón por encima.
Eso ya da una idea de cómo se concibe el ejercicio de la política por parte de la inmensa mayoría de los que se dedican a ella. Pero volviendo al asunto en cuestión: lo de las vocaciones y tal. La remuneración por dedicación exclusiva (liberación, también se llama, pues les libera en verdad de los agobios económicos de la media ciudadana) está hoy a la orden del día en las corporaciones. Y no digo yo que quien ostente altas responsabilidades no deba ser atendido en función de ellas, pero hay matices.
Uno de esos matices lo encontramos en esos concejales de pueblo, sin mayores competencias que las justas, que suelen ser poquitas. Ediles que, sin embargo, se embolsillan tranquilamente tres mil euros mensuales. La vocación, por tanto, se mide en billetes de quinientos. No pretendo que quien se dedica a servir a sus semejantes, a resolverles sus problemas, pierda dinero por ello. Naturalmente que no. Pero que tampoco nos tomen el pelo.
Hay casos de esos concejales de los que les hablaba que se llevan ese “medio kilo” al mes, pero que además tienen, que se sepa, tres negocios distintos que les rentan a base de bien. Por consiguiente, si ya tienes tres sueldos en la vida “civil” y encima tu ayuntamiento te libera con tres mil euros al mes, ¿has venido a la política a algo distinto a enriquecerte con descaro? ¿harías el mismo trabajo a cambio de cobrar sólo los gastos de gasolina y teléfono? Esto último sería el verdadero ejemplo de vocación. Lo contrario es un ejercicio de caradura sin límites.
[Condiciones de uso | | ]
