Auxilio social

 

 

Antonio Lorenzo

[Miércoles, 17 de febrero de 2010]

 

 

 

 

 

 

 

Como consecuencia de la actual situación social, las entidades de voluntarios dedicadas a solucionar los problemas económicos derivados de la misma, han de multiplicar su esfuerzo y solicitar la colaboración de los ciudadanos para cubrir sus necesidades.

Esas entidades denominadas genéricamente ONG's merecen todo el apoyo que necesitan.

En tiempos pasados también existieron situaciones críticas, y no existiendo esas organizaciones benéficas se resolvían por un organismo semioficial bajo la denominación de ‘Auxilio Social'.

Fue por los años cuarenta del pasado siglo cuando, finalizada la Guerra Civil Española, la juventud masculina seguía ‘movilizada', o sea que seguía militarizada, y las jóvenes prestaban su servicia a través de su encuadramiento en Auxilio Social.

Unos grandes almacenes que existían en el solar que actualmente ocupa el Hotel Miramar, tenían pintado en su frente y lateral unos grandes letreros con ese título ‘Auxilio Social', seguido de una especie de dibujo que no recuerdo, y si recuerdo a jóvenes de Arrecife, debidamente uniformadas de azul, incluso con cofia y delantal blancos, atendiendo principalmente a los chicos y chicas que, en el comedor esperaban el plato de comida que saciara su hambre, verdadera plaga que, junto a la tuberculosis, llenaba de tristeza a nuestro pueblo.

Esos comedores se financiaban con dos fórmulas, el ‘plato único' y el ‘emblema de Auxilio Social'.

El plato único consistía en que una vez en semana, me parece que los miércoles, todas las familias tenían la obligación de almorzar un solo plato, aportando el importe del otro a ese fin social.

El emblema de Auxilio Social era una especie de escudo, hoy quizá se llamaría ‘pin', al principio redondo y de un metal dorado y posteriormente de cartón, que había que adquirir en la taquilla de todos los espectáculos públicos, y que se tenía que llevar en la solapa del traje para poder acceder a la sala donde se desarrollaba el acto. La aportación obligatoria era de treinta céntimos. Los últimos eran de cartón y tenía litografiado el escudo de las provincias españolas.

Como siempre, incluso en momentos de verdadera miseria, surgía el humor, y se puso de moda una copla que se cantaba en todas las juergas: “Antes con media peseta/ te comprabas un chorizo y un pan de a real/ y ahora por tres perras gordas/ te encajan la chapa de Auxilio Social”.

Para algunos de los nacidos en el ámbito del euro, quizá tengamos que aclarar que el ‘real' era una moneda de níquel con valor de veinticinco céntimos, que tenía grabado el escudo del yugo y las flechas de Falange Española, y un agujerito en el centro y permitía ensartarlas en un hilo y empezar una pobre política de ahorro de algunas familias.

La ‘perra gorda', perra grande para los canarios, era otra moneda, equivalente a diez céntimos de peseta. La ‘perra chica' equivalía a cinco céntimos. Tenían en el reverso un león que sostenía el escudo nacional y elaboradas en un cobre que el uso ennegrecía.

Al parecer su denominación popular de perras se debe a que el dibujante del grabado no estuvo muy afortunado en su trabajo, y el león, más que tal fiera, se semejaba aun perro con melenas. El humor popular no tardó en convertir aquel símbolo en una simple perra.

 

 

 

 

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