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Martín del Mar

[Martes, 9 de febrero de 2010]

 

 

 

 

 

Unos le echan la culpa a Zapatero y otros a Soria, según el muy ideologizado color del cristal con el que miran la realidad. Afinando más, unos responsabilizan al sistema financiero internacional y a sus vínculos con la economía irreal y la especulación. Descendiendo a Canarias, otros añaden a lo anterior una estructura económica muy endeble, vulnerable, dependiente y volcada hacia el consumo de suelo, cemento y bloques. Y luego está Cándido Reguera, que se desapunta de todo para atribuir a la paralización de la Revisión del Plan General de Ordenación las altas cifras de paro existentes en el municipio de Arrecife. En fin…

El drama del desempleo es de tal envergadura que no admite ocurrencias, chistes fáciles o consignas políticas. Al contrario, exige que todo el mundo ponga de su parte para mitigar sus consecuencias, a ser posible creando empleo. Pero, todo hay que decirlo, ahora mismo sólo está creando empleo, aunque temporal, el Plan promovido por el Gobierno del Estado a través de diversas obras públicas. Mil empleos en Arrecife, 160 por parte del Cabildo y otras cifras menores a cargo de los restantes Ayuntamientos. Es un alivio, pero no pintan bien ni el presente ni el futuro inmediato. Y el problema mayor es la pérdida de confianza y consiguiente retracción del consumo y de la inversión privados.

A 1 de enero de 2010, en Lanzarote se encontraban en paro tres de cada diez personas económicamente activas. La cifra real es escandalosa: 23.590 parados. No hay sociedad desarrollada que resista durante mucho tiempo una tasa de desempleo del 30,4%, como es nuestro caso. Para el conjunto de Canarias las perspectivas no son mucho mejores, ya que finalizó 2009 con una tasa de paro del 26,2%. La única esperanza a corto plazo vuelve a depositarse en un remonte de la afluencia turística derivada de la mejoría económica que se aprecia en los países emisores de turistas, debido a la solidez y diversificación de sus economías. Está bien, pero no es suficiente.

¿Dónde van a encontrar trabajo esas 23.590 personas, a las que hay que sumar los jóvenes que se van incorporando al mercado laboral? Con la mejora de la afluencia turística, que se espera que se haga visible a partir de junio, cabe esperar generación de empleo por parte de hoteles, apartamentos y comercio turístico. Y poco más. De la construcción hay que olvidarse, pues ‘petó' la locomotora y no da más de sí para tirar del carro del conjunto del sistema económico. Salvo que se pongan en marcha con urgencia planes de rehabilitación de los establecimientos alojativos antiguos y de los núcleos urbano-turísticos. La construcción masiva de nueva planta alojativa o con fines residenciales pasó a la historia como productora de riqueza y empleo.

El problema de fondo es que el sistema económico insular no es capaz de generar nuevos yacimientos de empleo asociados a actividades económicas innovadoras o distintas a las hasta ahora conocidas. Al menos no a medio plazo, porque para ello es necesario abordar profundas reformas estructurales que no se materializan de un día para otro. Como se vaticinó, se agotó el modelo de desarrollo propuesto por los señores del suelo. Así las cosas, con el paro concluyó el momento de culpar a los otros y de tirarse los trastos a la cabeza. Llegó el tiempo del pacto por el empleo a escala local.

 

 

 

 

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