
Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 1 de febrero de 2010]
Al dar marcha atrás, el Ayuntamiento de Arrecife ha impedido la consumación de la relación entre el Carnaval capitalino y el nuevo espacio habilitado en 2009 para su disfrute. Queda pues sin efecto el, para muchos, anhelado traslado del Carnaval desde el centro hacia el Recinto Ferial y sus inmediaciones, al borde del mar. Así que marcha atrás y vuelta al principio.
El nuevo grupo de gobierno municipal ha decidido que murgas, comparsas, reinas, reinonas y demás se queden en el Recinto Ferial, mientras que trasladan la fiesta popular al aparcamiento anejo al Centro Cultural El Almacén y a los parques cercanos. Es decir, lo que no molesta ni ocasiona ruidos se queda en un lugar donde no hay residentes, mientras que las mascaradas, bailes y otros regocijos bulliciosos regresan a zonas llenas de residentes. Incluyendo las inmensas y escandalosas trancas que se agarra el personal de menor edad. Quiere esto decir que la penitencia asociada a la Cuaresma nos comienza a algunos varios días antes del miércoles de ceniza.
Una opción es quedarte para no dormir, acabar desquiciado y chapotear sobre las meadas que inundan puertas y portales, en medio de alguna que otra vomitona. La otra es irte esos días y buscar cobijo donde puedas. Por eso, mientras organizo el exilio temporal de mi casa al verme obligado a separarme de mi espacio vital, pienso que quienes nos encontramos en esta misma situación somos víctimas de un castigo público innecesario y gratuito.
Lo fácil hubiese sido organizar todo el Carnaval junto al Recinto Ferial, que es el mismo espacio donde se monta todo el tinglado de las fiestas mayores de la ciudad. Un lugar donde se puede liberar, sin restricción alguna, desde decibelios a todo tipo de incontinencias, porque no se molesta a nadie. Un lugar amplísimo, accesible, versátil, manejable en la limpieza y sencillo de vigilar. Lo difícil era hacer lo que se ha hecho: volver a fastidiar poniéndonos a unos cuantos de mala leche.
El problema es que puedes ponerte a pensar cosas raras, como, por ejemplo, que lo hacen adrede y para causar daño. Y, claro, empiezas a maquinar la manera de devolver la trastada a todos y cada uno de los integrantes del grupo de gobierno municipal. Se me ocurre una estupenda, pero no sé si me atreveré a tanto.
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