
Antonio Lorenzo
[Lunes, 1 de febrero de 2010]
Todos conocemos el cuento del huevo de Colón. También se dice que, después que los ingenieros militares elaboraran proyectos y proyectos para llevar la luz del lugar en que se encontraba hasta la mesa del comandante, sin encontrar solución, un recluta manifestó que él resolvería el problema en unos minutos y, ante el asombro de los técnicos, ayudado por un compañero, lo solucionó, simplemente trasladando la mesa hasta colocarla debajo de la luz.
Hace algún tiempo, a raíz de un pequeño incidente ocurrido en una de nuestras plantas potabilizadoras, creo que en este mimo medio, propusimos que, como medida de precaución, se llegara a un acuerdo con la comunidad autonomota de Madeira y tener previsto un embarque de agua en una de aquellas islas y la correspondiente toma de desagüe en algún punto de la nuestra.
Después de ese incidente, afortunadamente, sin mayores consecuencias. Se han venido publicando noticias de cada vez más gravedad. De la mala situación económica de la sociedad suministradora desembocada en su administración judicial; del malestar del personal o de la falta de mantenimiento de sus maquinarias.
Tenemos antecedentes tanto de la posibilidad de que aquellas islas casi vecinas estuvieran dispuestas a proporcionarnos el agua que a ellos les sobra o el hecho real de los barcos, llámense ‘Aljibe A- 2' o A-6; o ‘Conde Sister', el popular ‘Botija', que solucionaron una etapa critica de Lanzarote.
Ayer una fotografía en la prensa de un inmenso pantano en loa isla de San Miguel, nos traía a la memoria todo esto.
La empresa suministradora de combustible a nuestro aeropuerto lo ha establecido mediante ese barco que, casi semanalmente, vemos fondeado en la boya anclada frente a la playa de Guacimeta.
¿Será un disparate económico proponer el alquiler o quizá la compra de uno de esos petroleros monocasco que se acumulan en todos los puertos del mundo? Yo, ya lo veo en alguna de nuestras costas emulando a su colega del combustible, pero emanando el ‘liquido elemento'.
Técnicos, políticos y economistas tienen la palabra. A lo mejor, al final somos como el recluta del cuento.
Estamos jugando con fuego, o mejor dicho, con agua, lo que en Lanzarote es mucho más peligroso.
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