
Mario Alberto Perdomo
[Jueves, 28 de enero de 2010]
Posee una labia que para qué te voy a contar... Vive del palique. En la corta distancia engancha: parece suave y encantador. No sabe lo que es la prudencia y jamás enmudece. Ahora bien, es más superficial que la cáscara de una cebolla.
Es incapaz de conducirse por la vida con decencia y propiedad. Por eso, cuando ha tocado poder ha armado verdaderos estropicios, a la vez que ha acrecentado la injusticia social y ha enfermado el tejido social. Esto ocurre desde que tomó el control de la sociedad insular y de las personas normales. Accedió a todas las instituciones y se infiltró en los negocios, y, desde entonces, vive a la defensiva al sentirse permanentemente amenazado por los otros. Es decir, amenazado por la mayoría, por la gente normal, incluyendo a jueces, fiscales, guardias civiles, policías, denunciantes y gente con dos dedos de frente, en general. Esto es Lanzarote hoy, aquí y ahora, en vivo y en directo.
Su afán de poder y de protagonismo es desmedido. Siendo un tipo sin oficio ni beneficio, se cree imprescindible e insustituible. Jamás delega. Para hacérselo, agitó un proyecto pseudo nacionalista y proto insularista, y ahí sigue dale que te pego con la misma cantinela. Para que la isla funcione, ha de estar a su servicio toda entera, incluyendo las personas. Ha estimulado y se ha aprovechado del clientelismo para intercambiar favores útiles para consolidar su poder. Con el tiempo, se ha ido rodeando de cortesanos obedientes y sumisos que se pirran por complacerle, y, gracias a sus dotes persuasivas y a su poder de convicción, logra que los suyos hagan y digan cosas que de otro modo no harían ni dirían. Y lo llaman líder, los muy necios.
Es incapaz de ponerse en el lugar de los demás, pero finge sensibilidad. Es sordo, pero simula escuchar. A diferencia del común de los mortales, no anhela vivir en paz, ya que no tiene papel en la paz. Al contrario: se alimenta del conflicto. Necesita la inestabilidad permanente, el inesperado sobresalto o, a ser posible, la catástrofe, porque esa es la salsa de su vida. Es ahí donde busca y encuentra un enemigo para aglutinar a los suyos y erigirse en salvador de la patria.
No se le puede negar que es carismático. O sea, un mentiroso encantador y atractivo que llega a creerse sus propias ficciones. Una persona irresistible que ocasiona unos destrozos notables allá por donde pasa, arrasándolo todo sin mirar si se arruina un ayuntamiento, se asalta una empresa pública, se extermina un cultivo o se destruye una industria.
Es incapaz de arrepentirse y antepone el fin a los medios, no siente remordimiento y es osado, arrogante y engreído. Le encanta sentirse admirado y se regodea cuando los demás lo adulan. Hay que reconocerle una gran habilidad para captar las necesidades del otro; de ahí que esté intentando seducir en todo momento. Y cuando decide, ni duda ni reflexiona. Pero quienes más lo sufren son las personas más cercanas.
Si hace algo, es sólo para su único y exclusivo beneficio. Ha creado sus códigos propios de comportamiento, por lo que sólo siente culpa al infringir su propio reglamento y no las normas comunes. Egocéntrico hasta la médula, trabaja siempre para sí mismo, así que cuando da es que está manipulando o esperando recuperar esa inversión en el futuro. Sobrevalora su propia persona, lo que lo lleva a cierta megalomanía y a una hipervaloración de su capacidad de conseguir ciertas cosas. Ello lo hace arrogante y jactancioso.
Es una persona perversa, con cierta predilección por la estafa y la administración fraudulenta, pudiendo cometer delitos u otros actos cuestionables con total falta de escrúpulos y sin sentir culpa alguna. Es decir, no duda en mentir, manipular, engañar y hacer daño para conseguir sus objetivos, y sin sentir por ello remordimiento alguno ni preocupación por el sufrimiento de sus víctimas.
No acepta la responsabilidad de sus acciones, lo que se refleja en la ausencia de escrúpulos, en la tergiversación de la realidad, la negación de su responsabilidad y en un esfuerzo para manipular a otros a través de esta negación. Véanse sus epístolas.
Es un desalmado. Pero, ¿es posible que cambie algún día? No, rotundamente. Entonces, ¿qué hacer con gente así? En el plano individual, lo único que podemos hacer con esta persona es protegernos de ella, evitarla. En el plano social, colectivo, no hay más remedio que apartarla de todo ámbito de poder. Para que deje de dar el coñazo.
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