
Mario Alberto Perdomo
[Miércoles, 20 de enero de 2010]
Es la pregunta que muchos nos hacemos. José Miguel Rodríguez y Ubaldo Becerra, ¿por qué se fueron y a cambio de qué? No resulta creíble que dos concejales que han confesado ante el juez que cobraban comisiones, hayan desaprovechado la oportunidad de irse haciendo caja. Que me perdonen ambos, pero es muy difícil de creer que se hayan ido sin más, a cambio de nada. Y como no es creíble, y como no han dicho ni mu, es rara la tertulia en la que no se haya debatido esta cuestión.
No creo que nadie sospeche por maldad, o por el gusto de recelar. Estamos ante una situación extraordinaria creada por ambos porque así lo quisieron: por cobrar indebidamente según han confesado y por no entregar sus actas de inmediato. Prefirieron mantenerse en la Corporación, sabedores de que sus votos eran claves para que pudiera prosperar una moción de censura en el Ayuntamiento de Arrecife, a pesar de que estaban siendo señalados con el dedo. Una vez se constituyó el nuevo grupo de gobierno, seguramente se han dado cuenta de que su presencia era insostenible.
¿Se fueron avergonzados, sin más, incapaces de aguantar tanta presión? Es posible, pero muy poco probable. Entre ambos suman 21 imputaciones. Por muy bien que les vaya cuando se celebre el juicio, saben que serán condenados, pasando de presuntos culpables a culpables. Saben, por lo tanto, que sus respectivas carreras políticas quedarán cortocircuitadas durante bastantes años y, en el caso de José Miguel, es hasta probable que quede temporalmente apartado de la Administración Pública. Ubaldo podría regresar a la empresa familiar, pero sobre José Miguel se cierne un negro futuro profesional.
¿Se fueron porque, sencillamente, tomaron conciencia de que era lo mejor para su propia imagen personal, la del Ayuntamiento y la de la política insular? No creo. ¿Se fueron porque están arrepentidos de lo que hicieron? No lo parece. En tales supuestos, hubiesen entregado sus actas hace meses, evitando el escarnio público a que sometieron a Cándido Reguera, a quien, por cierto, no le salieron los colores. El hecho es que entregaron sus actas después de que prosperase la moción de censura, y no antes. Lo cierto es que no se fueron nada más votarse la moción de censura. Así las cosas, lo normal es pensar mal.
Lo que corre por los mentideros insulares es que ya cobraron, aunque otros defienden que no, que no han cobrado, pero que tienen garantías de que su acción será generosa y discretamente recompensada. Yo no digo si ha sido así, o asao. Ni siquiera si ha sido. Del género policíaco hemos aprendido que las sospechas siempre recaen en los beneficiarios de una acción delictiva. Lo único que puede afirmarse es que los beneficiarios de su marcha son Cándido y su gente, Pedro y su gente y el PIL de Dimas y Fabián. También son beneficiarios los sectores inmobiliarios interesados en desalojar al PSOE del poder en las corporaciones locales para que gobiernen otros, mucho más proclives a recalificar bolsas de suelo y allanar el camino de sus negocios urbanísticos.
Cuando está sobre la mesa la Revisión del Plan General de Ordenación de Arrecife o el diseño urbanístico del tejido que discurre entre el Puerto y la ciudad, nuevo muelle de cruceros e Islote del Francés mediante, y siendo el concurso de ambos absolutamente trascendental para que prosperen los acuerdos plenarios, parece que José Miguel y Ubaldo se han ido en el peor momento para sus intereses, a la vista de sus confesiones. O no, vaya usted a saber.
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