Lo que nos queda

 

 

Jaime Puig

[Lunes, 21 de diciembre de 2009]

 

 

 

 

 

Se fue Aminatu Haidar. Quien ha informado puntualmente de las desdichas de esta mujer, de los límites diplomáticos del Gobierno de España y del despilfarro económico que supone mantener en la isla una estructura denominada Dirección Insular de la Administración General del Estado, notó un inmenso vacío el viernes. Y cuando eso sucede tienes más tiempo para mirar a tu alrededor y ver qué nos queda. Es entonces cuando compruebas que lo que nos queda es justo lo contrario de todo aquello que defendió Aminatu durante el mes y pico de estancia entre nosotros.

Porque frente a su fortaleza ante los gobiernos está nuestra debilidad para defender aquello que queremos y que necesitamos. Porque frente a su dignidad como ser humano encontramos decadencia moral entre nuestros políticos. Porque frente a sus arraigados valores hallamos la desvergüenza sin disimulo en cada pequeño gesto de todos aquellos que juegan a lo público en la isla.

El sumario de las Diligencias Previas 697/08, más conocido como Operación Unión, deja entrever que, en efecto, no estábamos sólo ante una trama para delinquir. Vivíamos en medio de una costumbre más que arraigada entre nuestros políticos muy dados a pisotear el código penal en varios de sus artículos. Claro que ellos lo veían como algo natural, de toda la vida de Dios.

Pedir enchufes a familiares y amigos, solicitar que se pasen por alto pequeñas infracciones urbanísticas, tratar de comprar al político de turno para las grandes, pedir comisiones por adjudicar obras o para cobrar facturas pendientes, …tienen la concepción de que una vez en el poder, por pequeño e insignificante que pueda ser ese poder (cualquier concejal hace un reloj), el mundo es suyo y ancha es Castilla.

Lo peor de todo esto es que no parece que vayamos a aprender. Los partidos políticos guardan silencio ante lo que es un auténtico escándalo de consecuencias impredecibles. El Partido Socialista se ha apuntado, en Teguise y Yaiza, a la duda ética. Coalición Canaria no dice nada, quizá porque nada tiene que decir. El Partido Popular no dice nada, seguramente porque nada tiene que decir. El Partido Nacionalista de Lanzarote no dice nada, a lo mejor es porque nada tiene que decir. Y el PIL tampoco dice nada y ordena suspender ruedas de prensa de sus cargos públicos, precisamente, para no verse obligados a decir algo.

No queremos reconocer que estamos enfermos. Y así nunca nos vamos a curar. Igual es que no queremos curarnos, claro. Vivimos más que felices enganchados a esa enfermedad.

 

 

 

 

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