La era de la gestión

 

 

Martín del Mar

[Lunes, 14 de diciembre de 2009]

 

 

 

 

 

 

No acaba de llegar el extenso período histórico caracterizado por una gran innovación cultural y en las formas de vida prometido por el presidente del Cabildo, Pedro San Ginés, durante su investidura. La era de la gestión no acaba de llegar. Ni la gestión, ni mucho menos la era. La euforia juega a veces malas pasadas.

Transcurridos, prácticamente, dos meses de su toma de posesión, el cuatripartito sigue jugando a la contra, cautivo del síndrome de quien se siente opositor, una postura cómoda y facilona para demoler, pero poco eficaz cuando se pasa a gobernar. El nuevo equipo de Gobierno en el Cabildo de Lanzarote se muestra débil y vacilante en el terreno de la toma de decisiones, una inseguridad ésta que pudiera llegar a pasarle factura. De tanto repetir la palabra parálisis, pudiera ocurrir que el término aprisione sus cerebros y acabe por detener cualquier atisbo de actividad y funcionamiento. Suele ocurrir cuando se estira la demagogia hasta sus extremos. Ahora se dan cuenta todos ellos de que gobernar no es fácil, y ni te cuento en tiempos de crisis.

En el nuevo equipo hay tres vicepresidencias que se comportan como presidencias, además del presidente, que preside a los presidentes de hecho. El estatus se disputa en el terreno de la representación: el número de metros cuadrados de despacho y el número de personas subalternas a quienes se puede pedir que les traigan café. Por lo pronto, no se atisba un pacto, sino un reparto en donde cada cual es dueño de lo suyo. No estamos ante un proyecto de gobierno, sino ante cuatro líderes y cuatro programas que buscan posición electoral personal ante la cita de 2011.

En este contexto, la primera ocupación está siendo escenificar la imposible cohesión de un cuatripartito, que, a su vez, se subdivide en sectores enfrentados entre sí. Véase CC o PNL. Conseguida ésta, que lo dudo, vendrá la tarea del gobernar la maquinaria de gobernar, es decir, manejar el Cabildo. Palabras mayores si no se recurre al tacto y a la delicadeza. Si, además, no hay dinero, la cosa se complica. Si, encima, no hay capacidad para captar recursos financieros externos, se roza un drama que pone de manifiesto que la política local afín al Gobierno de Canarias suma lo mismo que infinitos ceros a la izquierda, siendo insignificante su influencia en el concierto regional.

Así las cosas y de momento, la única era que se atisba en el cuatripartito es un suelo apisonado y preparado para edificar sobre él. Una p orción de terreno destinada a edificar la deconstrucción del imaginario insular sobre la contención del crecimiento, y a asolar todo síntoma de resistencia que se siente representada por una era contrastada, iniciada hace decenios y que está pariendo un corazón, al modo de Silvio.

Esta situación podría resultar hasta entretenida de no ser porque Lanzarote no puede esperar más. Está a la cola de todo y con este gobierno se ha descabalgado de la evolución del mundo y del cambio de paradigma. Se desangra, se muere de dolor.

 

 

 

 

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