

Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 14 de diciembre de 2009]
Las partes implicadas se han apresurado a decir que les ha salido gratis la rúbrica de los dos concejales en el escrito de la moción de censura de Arrecife. Las dos firmas son las que necesita el popular Cándido Reguera para que prospere la moción y convertirse en alcalde de la ciudad, una vez se desmarcó el Comité Local de CC. Las firmas pertenecen a los dos concejales que se presentaron por el PIL a las elecciones de 2007, resultaron imputados por la Operación Unión y fueron apartados de la disciplina de su partido. Les ha salido gratis y no han pedido nada a cambio, aseguran. No han puesto condiciones, dicen Cándido, el PIL y el PNL.
El runrún sostenía que ambos concejales exigían una contraprestación a cambio de respaldar la moción de censura. Incluso se barajaban cifras. Las preguntas más escuchadas por las esquinas eran: ¿Quién está tan interesado en que prospere la censura para llegar plantearse entregarles una compensación? ¿Quién tiene la solvencia suficiente para llegar costearla? Por lo pronto, sólo tenemos dos referencias de lo que cuesta en Lanzarote el voto de un concejal. La primera se produjo en Teguise en 1983 y convirtió en alcalde a Dimas Martín. La segunda tuvo lugar en Arrecife en 1997, dando la Alcaldía al PIL. La sabiduría popular tasó entonces el voto en unos 200.000 euros.
Si no hay recompensa por medio, o promesa avalada de recompensa, hemos de creer que la participación de ambos ediles obedece a una suerte de responsabilidad cívica en aras a la estabilidad del gobierno local. O a un profundo compromiso político con el partido que los apartó de su disciplina interna. Si fuera así, les bastaba con entregar sus actas dando paso a dos nuevos concejales. Al parecer, se las han pedido repetidas veces, pero nada. A lo mejor el runrún está viendo fajos de billetes donde sólo hay convicciones políticas. Quizá todo se reduce a una cuestión fraternal, tal que el presidente del PNL, Juan Carlos Becerra, habló con su hermano y éste a su vez, convenció al otro edil.
Me cuesta creer que ambos se hayan conducido por el altruismo y la búsqueda del interés general. Más bien me inclino a pensar que, supuestamente, debe mediar algún incentivo, algún estímulo. Y Cándido Reguera debe pensar lo mismo, aunque cierre los ojos, cómplice.
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