

Tomás J. López
[Miércoles, 9 de diciembre de 2009]
Podemos ahora dar opiniones, defender a Marruecos o al Polisario, comentar si admiramos o nos parece impresentable defender hasta las últimas consecuencias una huelga de hambre y discutir sobre la legalidad o no de la alimentación obligatoria para la activista saharaui Aminetu Haidar. Podremos dar vueltas sobre temas centrales y anejos, y hasta comentar qué tal nos fue a cada uno de los que alguna vez (o ninguna) nos pasamos por el aeropuerto de Guacimeta – Lanzarote donde Haidar permanece. Pero los hechos son tozudos, son los que son, y pase lo que pase, esperando que esto no acabe en desgracia, la historia se escribirá de acuerdo a lo que fue, y no a lo que ahora nos dediquemos a opinar, ya sea como pasatiempo, ya como elemento de desinformación.
Embarco y desembarco al margen de la ley
Y lo cierto es que a mediodía del sábado 14 de noviembre, después de más de 24 horas de retención en el aeropuerto de El Aaiún, unos gendarmes marroquíes introdujeron a Aminatu Haidar a la fuerza en un vuelo de la compañía Canarias Aeronáutica con destino a Lanzarote.
La excusa puesta por Marruecos para dicha expulsión, y dada por buena por el ministro de Asuntos Exteriores de España, señor Miguel Ángel Moratinos, unas horas después, no sólo es absolutamente desproporcionada e injusta, sino que, se demostró unos días más tarde, no fue más que eso, una excusa, y una falsedad. A Aminetu no se la expulsó del Sáhara Occidental por escribir “saharaui” en la casilla de un formulario, como dijo Marruecos y asintió Moratinos, ya que había reservado un vuelo a Lanzarote para la Sra. Haidar fechado para el 11 de noviembre, aparte del consiguiente del 14 de noviembre en el que embarcó, y un tercero para el 21 de noviembre, suponemos que por si acaso. El día 11 de noviembre Aminetu Haidar no había aterrizado en El Aaiún procedente de su viaje a Nueva York con escala en Madrid y Las Palmas, por lo que la excusa del formulario, hecho que ya se había producido en anteriores viajes de la activista por el mundo sin mayores consecuencias, se derrumban.
La expulsión de Aminetu Haidar del territorio del Sáhara Occidental por parte de su administrador de facto, el Reino de Marruecos, se hizo en contra de las leyes marroquíes (artículo 9 de su Constitución, referente a la libertad de circulación y establecimiento de sus nacionales). Además, se hace en contra de la legislación internacional ratificada por Marruecos e incorporada a su cuerpo jurídico (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos). El traslado forzoso sin pasaporte ni título de viaje contraviene el derecho internacional, el marroquí y el español. Según la versión de Aminetu Haidar en la denuncia presentada ante el puesto de la Policía Nacional española en el aeropuerto de Lanzarote, única versión de la que disponemos, el piloto sólo despegó después de recibir varias llamadas y la confirmación por parte del inspector de la policía marroquí de que las autoridades españolas estaban informadas.
La entrada de Aminatu Haidar al territorio español por el puesto fronterizo del aeropuerto de Guacimeta – Lanzarote, además de realizarse por la fuerza, asistiendo miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para ello, se lleva a cabo en contra de lo que estipula el artículo 25 de la ley de extranjería española, relativo a la entrada de extranjeros en España, donde explicita que los documentos válidos para la entrada al Estado son el pasaporte o en su defecto un título de viaje.
Resulta cuanto menos curioso que ante una cuestión formulada por quien escribe a través de Internet al gabinete de la presidencia del Gobierno de España relativa a por qué razón se permitió la entrada en el Estado de Aminatu Haidar, el Jefe del mismo, señor José Enrique Serrano, responda que se hace en virtud del artículo 25 de la Ley de Extranjería, es decir, el artículo que precisamente impide la entrada. Aduce, como se ha hecho hasta ahora, la tenencia por parte de la señora Haidar de un permiso de residencia, que como deja claro dicho artículo permite la entrada sin visado, pero nunca sin pasaporte, por lo que habría que esclarecer quién y por qué cometió una ilegalidad.
La entrada forzosa, para la que posteriormente se alegan motivos humanitarios, de una persona de la relevancia de la señora Haidar (cuyo arresto por parte de la policía marroquí había copado una buena parte de la cuota informativa en España sólo 24 horas antes) en territorio español se efectúa de espaldas a las administraciones públicas de la isla de Lanzarote. Curioso que se citen razones humanitarias para su ingreso ilegal mientras las instituciones de las que son competencia los servicios sociales, asistenciales o sanitarios en la isla no están informadas, máxime teniendo en cuenta el absoluto desarraigo de la señora Haidar en la isla de Lanzarote, a la que no le une ningún tipo de vínculo. Hasta bien entrada la tarde-noche del día de su llegada, ni el presidente del Cabildo Insular, señor Pedro San Ginés, ni autoridades municipales ni el propio senador por la isla de Lanzarote, señor Marcos Hernández, del Partido Socialista, conocen la presencia en Lanzarote de Aminetu Haidar, tal y como me hacen saber en las llamadas que realizo en aquel momento, mostrando su sorpresa por este hecho. Sólo el Director Insular de la Administración General del Estado en Lanzarote, señor Carmelo García, reconoce tener constancia de este hecho, pero insiste en que no tiene más datos al respecto, que no atenderá a la prensa, y que el asunto lo lleva la Delegación del Gobierno español en Canarias, con la señora Carolina Darias al frente.
Noches de empujones policiales e indiferencia gubernamental
En la primera noche de estancia en Lanzarote, ante la petición de que su situación sea solventada, la señora Haidar permanece en el recinto aeroportuario hasta pasadas las 12 de la madrugada, hora de cierre del mismo, junto a un grupo de miembros de la comunidad saharaui, unos pocos periodistas, su abogada y algunos ciudadanos lanzaroteños que se acercaron al conocer la noticia, entre ellos el consejero de Bienestar Social del Cabildo Insular, Marciano Acuña, y el concejal del ayuntamiento de San Bartolomé, Juan Antonio de la Hoz.
El inspector jefe de policía del Aeropuerto de Lanzarote llega a un acuerdo con los presentes mediante el que, si abandonan la terminal, a la señora Haidar se le permitiría, por motivos humanitarios y de salud, permanecer aquella noche en alguna estancia del aeropuerto. Compromiso que se tornó en falsedad a los pocos minutos, cuando una llamada de la abogada de la señora Haidar, Inés Miranda, nos alertaba de que un grupo de guardiaciviles estaban desalojando por la fuerza a Aminetu Haidar, provocándole una caída y forcejeos en su brazo. Cuando sobre las 3 de la madrugada regresamos a la terminal del aeropuerto para conocer la situación de la señora Haidar, la Guardia Civil mantiene cerrado al tráfico el acceso por carretera a la terminal. Les informo de que soy periodista y quiero conocer lo que está ocurriendo en un espacio público como es la entrada al aeropuerto, a una hora y en unas circunstancias en las cuales la carretera suele estar abierta. Se nos deniega la entrada en coche, y cuando intentamos entrar caminando se nos retiene. Pasados unos minutos de discusión los guardiaciviles se retiran, y a nuestra llegada a la terminal la señora Hiadar y su abogada se encuentran tendidas a la intemperie a las puertas del aeropuerto custodiadas por una decena de guardiaciviles.
Otro momento delicado se produce en la madrugada del lunes 16 de noviembre, cuando un grupo de unas 20 personas acompañan a la señora Haidar en el aeropuerto de Lanzarote a la hora del cierre. Cuatro decenas de guardiaciviles, muchos de ellos encapuchados, intervienen expulsando en primer término a la prensa audiovisual, antes de proceder al desalojo. La orden parece indicar que lo primero era eliminar los incómodos (pero necesarios en un país con libertad de información) objetivos de las cámaras, tal y como demuestra la denuncia por agresión presentada por el reportero lanzaroteño Alberto Hugo Rojas, colaborador del canal local Lancelot TV.
Previamente, y como medida de presión, la señora Haidar inicia una huelga de hambre a las 12 de la madrugada del domingo 15 de noviembre. Curiosamente, a pesar del carácter extremo de la protesta, ningún representante del Gobierno de España se pone en contacto con Aminetu Haidar durante los 10 primeros días de estancia en la isla de Lanzarote. La única comunicación que por parte de instituciones dependientes del Gobierno de España recibe la señora Haidar es la denuncia por Desórdenes Públicos que el director del aeropuerto de Lanzarote, señor Dionisio Canomanuel, presenta en los juzgados de Arrecife. Poco después de conocerse la denuncia, paradójicamente, el aeropuerto cede una habitación frente al aparcamiento de las guaguas para que Hiadar pernocte. El esperpento, o la mentira orquestada, llega a su culmen cuando el señor Canomanuel asegura que la denuncia no iba contra la activista. Sin embargo, dos semanas más tarde una sentencia obliga a Haidar a pagar 180 euros por dicha razón. Irónico que se sentencie contra quien supuestamente no había sido denunciada.
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Llega el gobierno español, llega una cantante
El primer intento de comunicación entre el Gobierno de España y Aminetu Haidar se produce casi dos semanas después de la arribada irregular de la saharaui a territorio español. Lo hace, dando a entender que la obra de Kafka se encuentra tras el espíritu de la diplomacia española, a través de la cantante Cristina del Valle, integrante del extinto dúo musical “Amistades peligrosas”, quien asegura ser amiga personal del ministro Moratinos, y que se postula como interlocutora entre el Jefe de la diplomacia española y la activista. Ante la negativa de Aminetu y su entorno en participar en el absurdo, entra en escena, dos semanas después de iniciarse el conflicto, el emisario y responsable del gabinete del Ministerio de Exteriores, señor Agustín Santos.
El vuelo que no voló
Las ofertas que se muestran desde entonces por los gobiernos de España y Marruecos no pasan en ningún caso por recolocar a Aminetu Haidar en El Aaiún solventando el disparate legal acaecido el día 14 de noviembre.
Hasta que en la tarde del viernes 4 de diciembre todo parece tomar un cambio de rumbo con una segunda vista de Agustín Santos a Lanzarote y un supuesto plan preparado para el embarco de la activista rumbo al Aaiún. Sobre las 18.30 de la tarde el emisario de exteriores comunica a los miembros de la Plataforma presentes en el aeropuerto y a la Señora Haidar que un avión está preparado para salir con ella hacia la capital del Sáhara Occidental. Haidar y su entorno piden la lógica presencia en dicho vuelo de la abogada de la activista, lo cual es denegado. Sí había plaza en cambio para una nueva protagonista en todo este asunto, la presidenta del Partido Socialista en la Comunidad de Madrid y Diputada del PSOE por dicha Autonomía, la señora Delia Blanco. A pesar de su aparición fugaz en el aeropuerto, la señora Blanco acaparó un enorme interés durante sus horas de intromisión en la operación. Primero por la prisa con la que urgía a Haidar y a su entorno para que la activista embarcase en el avión Falcon apostado en la pista de Guacimeta, pareciendo ignorar que por entonces estaba a punto de cumplirse la tercera semana de su huelga de hambre, y su estado de salud se encontraba ya al límite.
Pasados unos días todo parece indicar que la presencia de la señora Blanco en este embrollo sólo respondía a razones propagandísticas, a tenor de las múltiples declaraciones que en la práctica totalidad de los medios de comunicación de importancia del Estado español realiza durante sus pocas horas de estancia en la isla, actuando como “corresponsal” del PSOE ante esta situación. El objetivo de Blanco es convencer del esfuerzo y buena actuación del Gobierno español en el caso y la preocupación existente desde el Partido Socialista por este asunto, a pesar de la indiferencia inicial, que duró dos semanas.
El emisario de exteriores, señor Agustín Santos, explicó en varias ocasiones, antes y sobretodo después de ser abortada la operación de regreso a El Aaiún, que había acuerdos “al más alto nivel” para el retorno de Aminetu al Sáhara. Sin embargo, el supuesto avión medicalizado no salió. Supuesto porque las informaciones que manejamos aseguran que la única medicalización con que contaba aquel Falcon era el Doctor Domingo Guzman, médico del Hospital Insular de Lanzarote, que desde el principio había asistido a la activista por ofrecimiento del Cabildo. Si se confirma el engaño de la medicalización de la aeronave no tienen más que seguir sumando a la cadena de despropósitos.
Porque el siguiente despropósito fue conocer que nunca el Reino de Marruecos había acordado “al más alto nivel”, ni siquiera al más bajo, el retorno de Aminetu. La comunicación verbal pasada al Embajador de Marruecos en Madrid a primera hora de la tarde del viernes 4 de diciembre no fue respondida hasta el mediodía del sábado 5, y de forma negativa. Aun así, habían embarcado a la señora Haidar en un vuelo que no despegó, deteriorando aun más su salud. Habían falseado los acuerdos con Marruecos, supuestamente a “alto nivel”, puesto que lo único con lo que contaban era con un permiso de sobrevuelo y aterrizaje del aeropuerto de la capital saharaui, pero se trataba de un documento de tipo técnico y no diplomático. Además, el aterrizaje no podía ser confirmado hasta 24 horas después, dado el servicio civil y militar que presta el aeródromo saharaui. Pasadas las 24 horas, el otro permiso, el diplomático, el de “alto nivel”, ya estaba denegado.
Dio tiempo también en aquella tarde noche en la que las lágrimas de alegría del entorno de Aminetu se tornaron pronto en dolor, para que la enviada como propagandista, la señora Blanco, se encarase con los miembros de la Plataforma argumentando que el vuelo no había salido por culpa de un retraso de unos minutos en la hora de despegue, información falsa que en un primer momento se llegó a dar por buena en aquellos corrillos. Información que incluso produjo un sonoro rifirrafe entre la Diputada y el actor Guillermo Toledo, que permanece viviendo en el aeropuerto desde hace tres semanas, en donde la diputada, curiosamente, reprochaba a Toledo “que él no sabía nada, porque era ella quien había estado con Aminetu”.
Dio tiempo también para que una información incierta e interesada, que Haidar había abandonado la huelga de hambre, se deslizara por todas las redacciones a la hora de los informativos nocturnos en el día previo al inicio del largo puente de la Constitución. Sin embargo, la huelga de hambre no había terminado porque la propia Haidar desconfiaba de todo aquel montaje y aseguró que no ingeriría alimentos hasta que llagase a El Aaiún. La información “vital” en cuanto a su ayuno tuvo que se ser rectificada a las pocas horas, porque en adelante la huelga sería el gran asunto político y mediático sobre el que comenzaría a girar el caso Haidar.
Pausa para una destitución policial
En el punto de inflexión que supuso la tarde-noche del viernes 4 de diciembre, con el abortado intento de devolución de Aminetu Haidar en un avión supuestamente medicalizado, tras supuestos acuerdos al más alto nivel y con varias supuestas razones para que no se llevase a cabo, hubo otro supuesto hecho absolutamente tercermundista.
El documento con el que se permitió la salida de Aminatu Haidar hacia el avión que debía llevarla a El Aaiún era un salvoconducto firmado por el Director General de la Policía y la Guardia Civil , señor Francisco Javier Velázquez. Este documento, de dudosa validez legal, y que en caso de tenerla podría haber servido desde el minuto uno para desatascar esta situación, daba permiso para la salida de España de la activista, que se efectuaría a través del puesto fronterizo del aeropuerto de Lanzarote. Sellado este documento por el inspector del puesto, a Aminetu Haidar se la considera en zona de tránsito internacional. Cuando se aborta el despegue del avión por falta de confirmación desde El Aaiún, Aminetu “regresa” a territorio español, por lo que el inspector de la Policía Nacional pide la documentación necesaria para la entrada al Estado, pasaporte o título de viaje, o en su defecto un documento excepcional como el que se había estampado para su salida.
En ese instante, el nerviosismo de la Delegada del Gobierno en Canarias, señora Carolina Darias, presente en el aeropuerto, era más que palpable ante la negativa del policía de aceptar una orden con la que consideraba se cometería una ilegalidad. Pidió que dicha orden fuese dada por escrito. La información trascendió poco después al informativo de la Cadena Ser “Hora 25” , en boca de la abogada de Haidar, Inés Miranda. La misma información apareció el domingo 6 de diciembre a toda página en el periódico “El Mundo”. La información, relatada por Ana del Barrio en el rotativo, coincide con la dada por Inés Miranda y por las fuentes consultadas: el policía fue destituido por el inspector jefe del aeropuerto tras interceder la Delegada del Gobierno. Aminetu entró de forma irregular por segunda vez a España. El gobierno, sin aportar datos, asegura que el incidente contado en la emisora de radio más escuchada de España y en el segundo diario más leído no ocurrió de esa manera. Y punto.
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De intentar que vuelva a intentar que coma
Abortado el vuelo, las miradas parecieron dejar de ponerse sobre Marruecos y el debate comenzó a girar en torno a si se puede o no obligar a Haidar a que abandone su huelga de hambre, asunto espinoso desde el punto de vista jurídico.
Al más alto nivel, ahora sí, se confirmó que España no haría nada que molestase a su vecino del sur, y más bien al contrario, ha parecido ser Marruecos el ofendido por la situación llegando a lanzar advertencias que rozan la amenaza.
En la conmemoración del 31º aniversario de la Constitución española del pasado domingo 6 de diciembre en la sede de las Cortes españolas, el caso Haidar fue el tema estrella en corrillos y declaraciones. El presidente del Gobierno de España, señor Rodríguez Zapatero, en un alarde de elocuencia, aseguró al respecto que “estamos haciendo lo que podemos hacer y no haremos lo que no podemos hacer”. También aseguró que en este asunto “debe primar el interés general”, lo cual ha provocado las críticas del entorno de Haidar al entenderse que con ese “interés general” se refiere los intereses económicos o comerciales de España en Marruecos, que parecen estar primando sobre una cuestión que atañe a la legalidad y a los derechos de las personas.
Casi al mismo tiempo que el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, muy tímido en sus intervenciones al respecto, animaba al gobierno a “no tirar la toalla” en este asunto, el Gobierno, y su delegada en Canarias, tomaban la vía única de la salvación que parecían entrever ya para Aminatu Haidar: su ingreso hospitalario.
Darias prepara el ingreso (otra vez fallido)
En la tarde del domingo 6 de diciembre irrumpían, en el pequeño cubículo habilitado para Haidar frente al aparcamiento de guaguas del aeropuerto, el juez decano de Arrecife, señor Jerónimo Alonso, junto a dos policías judiciales, un médico forense, un secretario judicial y un intérprete. Entraron sin saludar ni explicar motivos, directos a la pequeña habitación de donde el estado de salud de Aminetu no le permite apenas salir. Los policías judiciales, ante el revuelo que se formó en el entorno, sin que nadie supiese al principio quiénes eran, expulsaron por la fuerza a las personas que solidariamente acompañan a Aminetu. A la abogada de la activista tampoco se le permite el paso. Se cierra la puerta y comienza el chequeo que poco antes, según comunican al instante desde el gabinete de la señora Darias, había solicitado la Delegación del Gobierno en Canarias. A la salida de la comitiva judicial, un cámara graba. Un policía judicial se apresura a quitarle la cámara. Quienes están por allí se lo reprochan y el juez Alonso exige que se le entregue la cinta, aduciendo su condición de magistrado. El actor Guillermo Toledo se niega. La cinta queda en manos del cámara con la orden grabada. Efectivamente, un juez, por muy juez que sea, no puede ir dando instrucciones a los ciudadanos a su paso, a no ser que se trate de órdenes judiciales, y esas llevan otro procedimiento.
Para entonces la delegada del gobierno, Carolina Darias, tenía preparado todo el despliegue que conduciría a Aminetu Haidar al Hospital Doctor José Molina Orosa de la capital de la isla. Y no porque se vieran ambulancias en la zona, precisamente. Ante la mirada incrédula de los pocos miembros de la plataforma y los muchos medios de comunicación que se fueron congregando en la zona, al otro lado de un muro con celosías, en la parte de la pista del aeropuerto, se fueron desplegando patrullas que sumaban unos 40 guardiaciviles previstos de material antidisturbio, y que recibían de manera directa órdenes de la Delegada Darias, allí presente.
Quienes consiguieron hablar esa noche con el juez, señor Jerónimo Alonso, aseguraron que su inquietud era manifiesta. La Delegación había pedido un chequeo médico que incluía ingreso para la realización de las pruebas pertinentes en el hospital. Pero la respuesta a esa petición, para la cual ya estaban apostados 40 guardiaciviles a la espera de recibir la orden, chocaba con la lucidez que Haidar manifestó tras la brusca entrada del juez y su comitiva a su pequeña morada: “Estos son métodos marroquíes. No quiero más asistencia médica de la que ya tengo y no quiero ser ingresada. Soy dueña de mi voluntad y de mis actos”, sentenció Haidar. Aun con todo, la reunión en dependencias aeroportuarias entre la comitiva judicial y el médico de Haidar, doctor Domingo Guzmán, duró más de una hora. No conocemos sobre qué se conversó. Lo cierto es que el juez terminó por no acceder a la petición de la Delegación , dado que se lo impiden las leyes españolas. Sobre la 1 de la madrugada los 40 guardiaciviles tuvieron que quitarse cascos antidisturbio, rodilleras y demás parafernalia para regresar a cuartelillo.
Desde entonces y hasta el momento, la misma indiferencia de las dos largas primeras semanas. Nadie del Gobierno ha vuelto a comunicarse con la activista ni su entorno.
El final no se ha escrito
Y hasta aquí la crónica de lo que ha pasado. Lo demás queda al arbitrio de lo que cada quien quiera opinar. Yo quiero que Aminetu vuelva a El Aaiún. También, como todos, la quiero viva y me encantaría que comiese de cualquiera de las maneras. Pero la ley, burlada en un primer momento, es testaruda, casi tanto como los hechos.
Obviamente, si el desenlace fuese fatal, que ni Dios ni nadie lo quiere, sólo Aminetu Haidar sería responsable de su desgracia, por ser ella, por propia voluntad, la que ha mantenido hasta las últimas consecuencias su huelga de hambre. Ella será protagonista y autora del desenlace, efectivamente, y ni siquiera es de recibo que nos lo recuerden.
Pero de todo lo demás, de todo lo que hemos contado, los responsables han sido y serán otros. Ella terminara a su manera lo que otros empezaron, a mediodía del día 14 de noviembre, con una excusa peregrina, cuando la sacaron ilegalmente de su tierra e ilegalmente la introdujeron en la nuestra.
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