Iluminado, Marcial Martín

 

 

Esteban Melo

[Miércoles, 9 de diciembre de 2009]

 

 

 

 

 

De haberla, Sr. Alcalde, la responsabilidad es toda suya. A los técnicos, ni palabra: atarlos corto y estar vigilantes de sus actuaciones. ¿Mi queja?, más lamento que protesta, y viene ello a colación de lo que en el monte sería reforestación y que en un pueblo se denominaría como refarolamiento.

Desde los límites del municipio con el paraje de La Geria hasta su frontera con Arrecife, San Bartolomé ha sido revestida de luz, asunto nada censurable si desatendemos algunas cuestiones de diversos órdenes.

Del modelo, apunto a que es de gasolinera, acaso porque las ínfulas urbanizadoras del técnico de turno le conducen a la búsqueda de aquello que marque distancias con lo anterior, así como si demandara modernez, mal entendida y peor practicada. Primer error, por el protagonismo de las farolas, por la falta de escala y por la desvirtuación con el medio, de carácter eminentemente rural. Todas, absolutamente todas, se divisan desde el Monumento al Campesino. De día.

La ubicación parece el segundo error, tal que, las luminarias, como gustan llamarlas, se manifiestan en medio de aceras, en el borde de las mismas o pegadas a las fachadas, en esquinas, junto a balcones y ventanas y duplicando en altura a muchas de las pequeñas viviendas del municipio. Caótico y disparatado, y si no lo cree, recórralas y obsérvelas, como ya hice yo, y compartamos que el término criterio sólo es una palabra en el diccionario.

El modelo bien vale para un roto como para un descosido, porque se manifiestan en carretera, en calle, junto a las fincas agrícolas, en avenidas, en callejones o en rotondas.

De la decisión, como decía, responsabilidad de su alcalde, y si asombra en medio del pueblo, me deja sin palabras fuera de él, sea en la casa de la familia Carrasco, o en los núcleos más rurales del mismo municipio.

Del alcalde, no mucho más que decir, que me queda hipotecada su magnífica disposición y su responsabilidad como primer ojeador de todo cuanto acontece a su alrededor.

Todo lo que debiera ser sumar, y la mejora de las dotaciones públicas lo serían, en esta caso se torna en resta, en merma en clave de lo ambiental, de los paisajístico, de lo rural.

Si Arrecife, que no es ejemplo de nada, ha logrado conciliar la normativa de iluminación con una elección de unos modelos más conciliadores, lo de San Bartolomé, con franqueza, no acabo de entenderlo. De la pasta que habrán costado ni hablamos, y de pasar los modelos a Playa Honda, mucho menos, ¿por qué iban a aceptar lo que no quieren en otro lugar?

Yo, de ser alcalde tan distraído, pediría responsabilidades, y de ser ciudadano enfadado, si pudiera, le pondría, a mi pesar Sr. Alcalde, fuera del Ayuntamiento, exactamente por unos cientos de farolas tan, ¿tan qué? Defínalas, y contésteme que Vd. sí se cree en semejante refarolamiento.

Como siempre, con todo, hechos consumados que no tienen vuelta atrás. No sé, tampoco, donde le queda el interés en que San Bartolomé devenga en lugar de atractivo turístico, con franqueza. Para mí que han perdido el norte, que del gusto ni mentarlo.

 

 

 

 

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