Marbella no es Lanzarote

 

 

Martín del Mar

[Viernes, 27 de noviembre de 2009]

 

 

 

 

 

 

 

Lanzarote no es Marbella, proclamaron a los cuatro vientos y al unísono los portavoces del antiguo régimen, el mismo que se resiste a que una democracia madura y avanzada se instale en la isla impartiendo justicia. Aquella frase trataba de negar ciertas prácticas sospechosas y aparentemente corruptas, ocultándolas de miradas indiscretas. Con el paso de los meses y sabido lo sabido, habría que sostener otra afirmación, radicalmente distinta: Marbella no es Lanzarote.

Entiendo que en Marbella estén molestos al comparársela con Lanzarote. No hay color: lo de Lanzarote es mucho más escandaloso, por lo que los marbellíes podrían sentirse perjudicados a la hora de promocionarse como destino turístico en el exterior. De todos modos, y que me perdonen los marbellíes, el municipio malagueño admite algún cotejo con Lanzarote.

Marbella cuenta con poco más de 130.000 habitantes, más o menos como Lanzarote. Está especializada en el turismo, como Lanzarote, y está marcada por los escándalos de corrupción institucional, como Lanzarote. Allá tienen su ‘Operación Malaya' y tuvieron su ‘Operación Ballena Blanca', mientras que aquí sólo tenemos una ‘Operación Unión' y otro procedimiento que carece de nombre. Ellos tienen un ex alcalde detenido, nosotros también. Ellos tienen un cerebro, un Roca, y nosotros está por ver. Ellos tienen más imputados y más detenidos, mientras que ambos tenemos en común que algún abogado defensor actúa también en la isla. Allí se airea todo, mientras aquí se hace lo indecible por taparlo, así que ellos salen a cada paso en las teles de ámbito estatal, sin que resienta su afluencia turística, y nosotros no salimos en la tele.

Ambos destinos están marcados por un largo y cálido atraco, y a llá, como acá, todo el mundo dice que sabía que la corrupción estaba al orden del día, y, lo que es peor, que seguirá estando. La jerga es la misma allí y aquí: p revaricación, malversación de caudales públicos, cohecho, tráfico de influencias, asociación ilícita, maquinación para alterar el precio de las cosas… Todo ello aderezado de c oncejales, funcionarios, empresarios y abogados .

Frente a la corrupción sólo se pueden mantener dos posturas. Una es combatirla activamente, tratando de desterrar unas prácticas que ocasionan daños irreparables en la convivencia democrática y en el crédito de las instituciones públicas. La otra es actuar como si nada sucediera, como si la cosa no fuera contigo, como si todo se redujera a un invento de jueces y fiscales aburridos por falta de trabajo, como si los escándalos fueran casos espontáneos y aislados.

En esta última postura prefirió instalarse el nuevo grupo de gobierno en el Cabildo de Lanzarote, que ha decidido convertirse, si no lo era ya, en correa de transmisión en el plano institucional del núcleo duro de la corrupción. En su brazo político. En el mes y pico que lleva gobernando el nuevo grupo de gobierno, todas las decisiones que ha adoptado en relación con estos temas benefician a los sospechosos. Todas. Lo cual no es casual ni curioso, sino bastante sospechoso.

 

 

 

 

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