Ángeles García
[Lunes, 23 de noviembre de 2009]
Esta es la pregunta que no dejamos de hacernos desde hace años, desde que el problema de la Violencia de Género, exactamente violencia contra las mujeres, pasó de un plano estrictamente interno, íntimo, doméstico… a convertirse en un problema público, de todos. Y por ello los poderes públicos se dispusieron a dar soluciones a ese gran problema que existía desde hace muchos años, pero no estaba en las agendas como problema que preocupaba a la mayoría.
Dejando claro, que considero muy positivas las medidas y servicios que en muy pocos años han permitido hacer salir el problema de la Violencia de Género del ámbito privado el público, y aplaudo fervorosamente la aparición de leyes y medidas que intentan solucionar un gran problema, a reglón seguido, digo que debemos reflexionar sobre qué está fallando para que todo este avance legal no haya cortado de raíz las muertes de mujeres sólo por serlo.
Creo que el primer punto de reflexión es plantearnos si los cambios jurídicos se han adelantado al cambio social. Y si bien, de suyo, este adelanto no es malo; porque un cambio legal puede impulsar y ayudar al social, este adelanto puede haber impedido que las personas que tienen que hacer uso de ella, trabajar, aplicar y hacer efectiva esta legislación no la tengan intimada, hecha suya; y por tanto, se usa mal, no se aplica bien e incluso no se crea en su aplicación.
Y ello se evidencia en un gran número de “malos usos” que se ha dado a la Ley de Violencia. Existe explicación para ello: muchas veces es el único camino ante los eternos trámites que no se adaptan a la inmediata respuesta que hay que dar incluso en el ámbito civil a una situación de ruptura familiar. Generando más Violencia.
Cuando hablaba al principio de que los poderes públicos se dispusieron a dar soluciones, quizás habría que decir que se “lanzaron” a tomar medidas para erradicar la violencia de género, hago referencia a que, de repente, se han puesto en marcha infinidad de recursos, en muchas ocasiones sin la coordinación necesaria, y ello hace que no cumplan con la función para la que fueron creados: cortar la violencia de género. Y ello genera más Violencia.
Todo lo expuesto anteriormente se encuentra con un embudo difícil de superar: los juzgados, que son los encargados finales de reorientar actuaciones para cortar de raíz la violencia contra las mujeres, y que, por diferentes razones, no dan la respuesta rápida y justa a la situación de la mujer maltratada, lo cual genera más violencia. Y dado que el tiempo en una situación de Violencia contra las Mujeres es esencial, si éste no se reduce al mínimo indispensable, no conseguiremos los objetivos marcados.
A pesar de todo lo anterior, soy optimista, porque sé que vamos por el buen camino, sólo es necesario corregir el rumbo de determinadas actuaciones para que poco a poco esta lacra que sufrimos las mujeres vaya desapareciendo. Con todo, probablemente, la mejor actuación es el paso del tiempo, el convencimiento social, que hará que todos seamos conscientes de la importancia y la necesidad de que la Violencia contra la Mujeres no puede ser admitida en una sociedad avanzada como la nuestra. Desde aquí mi agradecimiento y felicitación para todas aquellas personas que han ayudado de cualquier forma a una Mujer Víctima de Violencia.
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