Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 23 de noviembre de 2009]
Las formas son muy importantes. Así que hice una regla de tres. Si para todo un mandato, a un presidente del Cabildo le corresponden 100 días de gracia y de juego limpio, para un período de un año y siete meses, le tocan 39 y pico. Cuarenta, redondeando al alza. Según mis cuentas, el 25 de noviembre se cumplen los primeros 40 días del pacto que gobierna en el Cabildo Insular.
Los gestos y las palabras emitidos hasta ahora dirán mucho de un cuatripartito que pivota sobre el PP, sector ‘qué hace un partido como tú en un sitio como éste', y por CC, sector minoritario adepto a la máxima ‘más vale bloque en mano que ciento volando'. Por los flancos, comparten mesa con el PIL y el PNL. El primero irremediablemente tocado por variadas imputaciones de corrupción e inexorablemente invalidado para el juego institucional democrático, y el segundo en el centro de nuevas sospechas relacionadas con la concesión de licencias turísticas ilegales y trapicheos varios.
Casualidades de la vida, el día 25 de noviembre se cumple el primer semestre de la puesta en escena de la Operación Unión. Buen momento para recapitular y para hacer un doble balance. De un lado, el alcance actual del dispositivo judicial y el tremendo impacto que ha ocasionado en la vida política insular, aunque algunos quieran obviarlo o minimizarlo. Ya nada es igual desde entonces. De otro lado, los primeros 40 días de un pacto de gobierno parido en penumbra, con prisas, muñido para mantener el statu quo en el más profundo poder isleño y que está ocasionando daños irreparables en el seno de CC.
Por encima de las interpretaciones, son los gestos, las palabras y, sobre todo, las decisiones y las acciones, los que definen todo proyecto político. Éste se ha venido autodefiniendo a los largo de sus primeros 40 días de mandato. Para abrir boca, desprende aspereza y heterogeneidad, se revela dos veces bicéfalo, evidencia obsesión hacia Carlos Espino y el PSOE, y está cautivo del rencor y el ansia de revancha. Lo peor, es que yace entrampado por sus hinchas más vociferantes residentes en la grada ultra sur, quienes a diario no paran de anunciar ajustes de cuentas y de reclamar festines sangrientos para meter en cintura el carácter más recio y rabiosamente ético de la discrepancia insular. ¡Ja!
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