Elogio de la censura

 

 

Martín del Mar

[Viernes, 13 de noviembre de 2009]

 

 

 

 

 

 

Aunque no resulta novedoso, la censura se va imponiendo. Y, junto a ella, el elogio al censor. Propia de regímenes dictatoriales o de sociedades con grave déficit democrático, en Lanzarote esta situación ha sido, y es, fruto de una práctica emanada desde el gran poder económico, y que se ramifica por los partidos políticos que domina y se expresa a través de los medios de comunicación que posee o controla.

Los partidos políticos dominados y los medios de comunicación poseídos o controlados se han convertido en reproductores de una muy concreta visión de la economía, la política y la sociedad. Y la repiten hasta el infinito, con machacona insistencia. Su misión consiste en mantener el ‘statu quo' preexistente, y, sobre todo, que el poder, el verdadero poder, no se desvíe de aquella visión.

Se elogia el orden establecido, el mismo que ha conducido a esta isla a una crisis de sobreproducción sin precedentes, surgido tras un avaricioso proceso de acumulación de capital que se ha sustentando en una salvaje especulación. Se censura las voces discrepantes, las miradas críticas, el activismo social o medio ambiental, la defensa del territorio y la contención del crecimiento turístico, la primacía de la ley, la independencia de criterio y la lucha organizada que reivindica una sociedad más justa o un nuevo modelo de desarrollo. Y todo ello, a la par que se intenta rescribir una historia manipulada y se interpreta un presente sesgado y torcido. El fin no es otro que adueñarse también del futuro y desterrar cualquier atisbo de esperanza.

En el mismo mensaje, conviven elogio y censura. Se alaba un desarrollismo trasnochado que ha fracasado y, un instante después, se murmura, se critica o se reprueba abiertamente a todo aquel que tome la palabra para expresar su desacuerdo. Incluso propagando mentiras, tergiversando la verdad o negando las cualidades de los opositores al régimen. En algunos casos, machacándolos sin piedad aún a costa de destrozar la convivencia y empobrecer la democracia.

Esta vigilancia férrea, constante y diaria se transmite por la señal de la consigna y se expande como un virus para aniquilar todo foco de resistencia, tratando de convertir a los ciudadanos en súbditos pasivos, desmotivados desmovilizados y derrotados. En súbditos silenciosos y paralizados. Su objetivo final es impedir el acceso a la conciencia individual y colectiva de impulsos nocivos para el régimen, como pudiera ser la existencia de una sociedad civil robusta, diversa y bien organizada.

No es fácil aprender a convivir con la censura y el elogio al censor, porque nadie anhela ser machacado a diario. En un contexto así, no es sencillo confirmar el compromiso libremente adquirido con los grandes ideales, como la justicia, la libertad o la equidad inter e intra generacional, y, a la vez, desear tener una buena vida y en paz en el plano íntimo. Así pues, la elección es personal. Ahora bien, pocas cosas pueden tan festivas y estimulantes como enfrentarse a los censores para construir un destino propio. Internamente, esa es nuestra naturaleza. Y el sentido mismo del devenir de la humanidad.

 

 

 

 

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