Dolores Pacheco Lemes
[Miércoles, 11 de noviembre de 2009]
Algunos lo vienen pidiendo desde hace tiempo aunque no sepan muy bien a qué se refieren con eso del gran pacto político insular. Nos dicen que serviría de “remedio a la parálisis institucional” y para “defender los intereses de Lanzarote frente al resto de islas”. Esta es la teoría, pero bien podría ocurrir que, a la vista de las circunstancias, la idea pudiese tomar un giro hasta convertirla en la solución de todos los problemas políticos (que no ciudadanos) de la isla.
Imagínenlo por un momento. Todos los partidos de la isla con representación en las instituciones se reparten las concejalías y consejerías en proporción a los votos sacados, con lo que eliminamos el principal inconveniente de los grupos de gobierno: la oposición. Todos y cada uno de los representantes electos tomaría la responsabilidad de un área determinada, y desde ella camparía a sus anchas para hacer lo que ya hacen: aprovechar el cargo para enriquecerse personalmente y/o al partido. Se contrarían a todos los asesores personales que el presupuesto permita y habría tan buen rollo que ni siquiera sería necesario celebrar plenos. Y como de lo que se trata es de tener trincado el sillón, no habría nadie desde la política ni para criticar esas prácticas ni para reprochar nada a ningún cargo público por sus decisiones.
Y mediáticamente hablando sería perfecto. Todos los medios recibirían su parte y todos hablarían maravillas del gobierno, alabarían las virtudes del gran pacto insular y agradecerían la ausencia de oposición y la unión de nuestros representantes. Se acabó la crispación y, aunque no fuese así, a los ojos de la prensa, unánime y sometida, la isla iría siempre bien. ¿La crisis? Un simple resfriado. ¿Inalsa? Una moderna y eficaz empresa con ligeros desajustes. ¿Las listas de espera en los hospitales? Un desliz superable. ¿Los Centros Turísticos? Una empresa saneada y modélica con un alto potencial de mejora. ¿El paro? Coyunturas sin importancia de la economía. ¿La corrupción? Una anécdota magnificada por los medios de fuera. ¿Lanzarote? Una isla feliz.
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