Sueños y sueños

 

 

Jaime Puig

[Martes, 10 de noviembre de 2009]

 

 

 

 

 

 

El alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Jerónimo Saavedra ha invitado a todos sus convecinos a que sueñen con ser en un futuro no muy lejano –año 2016- ciudadanos de la Capital Europea de la Cultura. Una bella invitación, un bello sueño. Dice Saavedra que no tienen que sentirse acomplejados por nada ni nadie. Optan a esa misma capitalidad otras quince ciudades españolas, entre ellas Córdoba, Segovia, Zaragoza o Alcalá de Henares. Y ahí está Las Palmas de Gran Canaria, de igual a igual, sin complejos y con razones. Con sus festivales de Cine, Jazz, Teatro y Danza, Música Clásica, Opera, y su Womad. Con sus Museos de la Ciencia, Canario o de Arte Moderno, con su Pérez Galdós, su Cuyás y el Auditorio Alfredo Krauss como sede desde donde lanzar la candidatura. Con su Casco Histórico, sus Carnavales y las Fiestas Fundacionales. Y con su alcalde, apasionado de la Cultura. Las Palmas de Gran Canaria puede soñar, sí. Tiene motivos. Muy al contrario que nosotros, que sólo podemos soñar con que algún día venga alguien que nos haga soñar. Por ahora, sólo pesadillas.

Porque Arrecife, de momento, es eso: un mal sueño. Un páramo cultural. Un desierto en lugar de una ciudad para disfrutarla. Un erial donde sólo crece la impotencia. Sin un triste festival del que poder presumir. Sin apenas museos a los que acudir. Sin un sólo Teatro que nos enorgullezca y con un Palacio de Congresos que sólo es un dibujo en un cartel al pie de la autovía. Con unos carnavales despersonalizados y arrinconados en el tétrico y frío “recinto ferial”, nada distinto a una estepa de cemento y cristales rotos. Y con unos Sangineles ajenos al Viejo Puerto y resignados a ver cómo el reggaeton le gana la partida al olor de la carne cochino.

Una ciudad con un ayuntamiento que ha permitido, y permite, que el Parque Islas Canarias haya abandonado a la ciudadanía, que al inútil Islote del Amor se acceda por un camino para tanques, que el Puente de las Bolas asista deprimido y maloliente al espectáculo de la, dicen, mejor marina de Canarias, que el Charco de San Ginés olvide su personalidad a golpe de casa caída, edificio que se alza, que los músicos tengan que tocar en el Archivo Histórico y que los libros de la UNED huelan a vaca asada. Un Arrecife, Viejo Puerto, muy lejos, a años luz, del sueño al que han sido invitados los vecinos de Las Palmas de Gran Canaria.

Ojalá su sueño se cumpla, y ojalá, algún día, termine nuestra pesadilla.

 

 

 

 

 

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