


Dolores Pacheco Lemes
[Martes, 20 de octubre de 2009]
Por fin lo consiguió. A pesar de viajar en un discreto número tres de listas de Coalición Canaria al Cabildo de Lanzarote en 2007, a Pedro San Ginés le han bastado dos años, el “ascenso” de Inés Rojas al gobierno regional, el abandono de Manuel Fajardo Feo y una operación Unión para alcanzar su sueño de convertirse en presidente. O dicho de otra manera, a Pedro San Ginés le han bastado dos años, una escisión en su partido y no tener inconveniente en unirse a los partidos que, a día de hoy, simbolizan la corrupción en Lanzarote.
Claro que Pedro San Ginés, al que muchos ven como uno de los políticos más listos del escenario insular, sabe que los ciudadanos no castigan en las urnas a los partidos más corruptos, por lo que, desde el punto de vista de la estrategia política, sabe que pactar con una ristra de chorizos, presuntos chorizos, imputados presentes o futuros, sale rentable, de la misma manera que, desde la misma lógica, el PSOE no tuvo reparos en pactar con Dimas tras las elecciones de 2007, por mucho que ahora traten de justificarlo con las habituales piruetas dialécticas de Carlos Espino.
En su discurso de investidura, que pronunció en su recurrente (y medido) tono popular, el nuevo presidente volvió a releer el programa cortaypega de los 9 antecesores en el cargo que han pasado por el Cabildo en los últimos seis años. Inalsa, resíduos, Centros Turísticos, PIOT, turismo, deportes, asuntos sociales... lo mismo que hemos escuchado a lo largo de tantas y tantas legislaturas... la eterna promesa de que ahora es en serio.
Sin embargo, el mayor reto que tiene ante sí Pedro San Ginés no tiene nada que ver con las cuentas de los Centros Turísticos, ni con Inalsa, ni con los hoteles ilegales, ni con la crisis, ni con el paro, ni con el turismo. Si en el discurso de investidura ya se le pudo ver incómodo dentro de su terno azabache y grana no fue por la falta de costumbre, ni por la fastidiosa etiqueta de la camisa, ni por el calor de la sala. La incomodidad del presidente la provocaba el hecho de saber que el tiempo se le acaba, y que por más que recordara en el discurso de investidura a su “basca de Titerroy”, y por más que, hasta el momento, sus continuadas entrevistas en Lancelot Televisión no lo hayan descubierto aún, él sabe que, desde el lugar que ahora ocupa, no podrá prolongar mucho más su representación teatral.
El mayor reto que tiene Pedro San Ginés en este año y medio de mandato es el de seguir escondiendo que, detrás de su fachada motera, juvenil y de desenfadado hombre de “gestión”, se encuentra su verdadera vocación de servicio al poder cementero de la isla, que es quien lo ha colocado donde está. El auténtico reto será arreglar los negocios de sus superiores sin que ello le suponga delatarse ante su basca.
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