


Oti Fabra
[Lunes, 19 de octubre de 2009]
De Manuela Armas, ya trasladada al salón de retratos de ex presidentes de la primera institución insular, y más que de ella, de su reciente afirmación de que se ha acabado con el clientelismo en el Cabildo de Lanzarote, opino que eso es tanto como afirmar que ha despedido a los funcionarios corruptos que durante todos estos años, con distintos colores políticos, y con conocimiento de los consejeros o sin él, se han avenido para dar apariencia de legalidad a un general chanchullerio en la gestión de lo público contra el interés general, eludiendo el control de otras instancias de la misma administración. Se entrometen en asuntos fuera de sus competencias, y dan la cara para otorgar cobertura a las pretensiones de determinados empresarios con el fin de ganar un figurado pulso con toda suerte de subterfugios y argucias.
Como me consta que ahí siguen, con nombre y apellidos, aunque a veces sólo hay que mencionar el apelativo familiar para saber de quien se habla, y otras es necesario recitar el nombre y primer apellido para reconocerlos, es por lo que tiemblo por la ingenuidad de Manuela, porque acaso quiera creer que la corrupción sólo se sienta en el sillón del poder político. Los movimientos de las poltronas de algunos técnicos durante las próximas semanas nos darán algunas respuestas sobre los matrimonios político- técnicos, o ninguna pista nueva porque algunos seguirán a lo suyo desde los puestos que ocupan. Pasó antes de ella, pasó con ella y aventuro que seguirá pasando después de ella. Con, o sin conocimiento del político.
Del nuevo presidente, Pedro san Ginés, de su discurso de investidura, más propio de tertulia televisiva de por aquí, debido al nulo tono institucional y la escasez de formas, espero que quede en eso, en una mala entrada al primer puesto de la política insular. Vale que fruto de los nervios y de la presión a la que se ha visto abocado, pero porque así lo ha querido. Deficiente, la puesta en escena que no le hace justicia a lo que parece que es en la distancia corta, aunque le quede mucho por aprender y más que tragar con sus socios de gobierno.
Deberá asistirle la mesura, tendrá que eliminar las reiteradas puntualizaciones y comentarios fuera del texto y levantar el codo de la mesa cuando beba, así como abstenerse de marcar con el dedo la línea en la que se ha quedado para vitorear a Astrid. A todo ello se le restaría importancia ante la rotundidad del mensaje, pero tampoco la hubo, más allá del tono elevado y como si nos peleara, tal y como hace Rita Martín, la consejera de Turismo, cuando abre la boca.
Servicio público y defensa del interés general, son cuestiones a recordarles a tod@s.
[Condiciones de uso | | ]
