Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 12 de octubre de 2009]
Nada más anunciarse la presentación de la moción de censura en el Cabildo, la reacción fue inmediata. Vista la posibilidad de que volvieran los mismos administradores directos, el juez que gestiona el concurso de acreedores decidió disolver el Consejo de Administración de Insular de Aguas, SA (Inalsa). Ante un nuevo escenario de crisis política e institucional, a partir de ahora y hasta que la empresa pública recupere el tino, sus puertas están cerradas a los gestores políticos.
Mala cosa para la credibilidad del nuevo grupo de gobierno en el Cabildo, cuando ni siquiera ha tomado posesión. Y todo porque el sector hoy dominante de CC y el PP no han sabido escoger las compañías adecuadas, ni leer el nuevo escenario político que inauguró la isla a partir del pasado 25 de mayo.
El caso es que ya nada es igual en la política insular. Antes intuíamos o sospechábamos que unos cuantos utilizaban la política como una prolongación de sus negocios particulares. Y no pasaba nada de nada. Aquellas intuiciones y sospechas hoy se llaman imputaciones. La diferencia estriba en que se han abierto procesos penales contra determinadas personas, algunas de las cuales son cabezas visibles del nuevo pacto. Y lo que queda… Si el PSOE pactó con el PIL, ¿por qué no nosotros? Esta es la frase más escuchada de último procedente de los futuros gobernantes. Pero la respuesta es muy sencilla. Cuando se conocieron las imputaciones, el PSOE rompió los acuerdos. Dicho de otro modo, el PIL del 25 de mayo en adelante es otro al de esa fecha para atrás. Así que cada cual deberá asumir las consecuencias de sus actos.
Resulta infantil y patético el mantenimiento a machamartillo de que no hay relación entre esta crisis política y la acción de la justicia, y que todo lo que pasa en la isla es culpa de los socialistas. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Una crisis política ésta que, a diferencia de otras anteriores, traza un rotundo antes y un después en la vida partidista e institucional.
En Lanzarote hay dos sendas por las que caminar. Sólo dos. Una es la de la regeneración y la renovación política y democrática. La otra es la senda de la corrupción, que se transita cogido de la mano con quien no se debe cantando alegremente que la vida sigue igual. ¡Qué inconsciencia!
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