
Jaime Puig
[Miércoles, 29 de julio de 2009]
La presidenta del Cabildo de Lanzarote y, como tal, máxima responsable de la empresa pública del agua, Inalsa, acaba de presentar unas medidas para tratar de salvar uno de los buques insignia de la isla. De acuerdo, naturalmente, con los administradores concursales que son ahora los que vigilan que allí nadie más, nunca más, meta la mano. O las dos manos. Me da la sensación de que, por fin, se ha dado con la tecla correcta. Comparto casi todo lo dicho por Manuela Armas quien, por cierto, y puestos a ofrecer novedades, compareció muy a la americana. De pie y con el apoyo de un atril.
Me parece lógico que se busque el cambio de operador eléctrico para ver si se puede ahorrar en una factura que se ha disparatado hasta el infinito por culpa de alguien a quien se le pasó negociar en su día la inclusión de la empresa en la tarifa de grandes consumidores. Ese “alguien”, paradójicamente, nunca vio peligrar su puesto por cuestiones de gestión. De mala gestión, se entiende.
Un sí rotundo, también, al desarrollo de todo el potencial eólico al que Inalsa pueda hacer frente. Que no es mucho, lamentablemente. Habrá que preguntar el por qué al Gobierno de Canarias y sus fabulosos concursos públicos (libres todos de sospecha, faltaría más).
Llama la atención que, por primera vez, un mandatario público lanzaroteño sacuda el árbol del personal de Inalsa, históricamente sobreprotegido por sindicatos (que no han hecho otra cosa en su vida que negociar con políticos moldeables los plácidos convenios de las empresas públicas) y por partidos que cambiaban silencio, apoyo y enchufes por votos. Esto puede empezar a cambiar.
De entrada, Manuela Armas plantea unas jubilaciones cuando toque y otras de forma anticipada y que las plazas vacantes queden así, huérfanas de otro afiliado. Y quiere meter mano también en el Convenio. Estudia que se congelen algunos de los privilegios de los trabajadores de Inalsa. Por ejemplo, que durante unos años, la empresa pública no les pague el agua y ¡la luz! a sus trabajadores. Fenomenal también.
Por todo ello digo que comparto que en Lanzarote nos pongamos ya a tomar medidas en serio. Ya está bien de las tomaduras de pelo de las últimas décadas. Sin embargo, de todo lo dicho por la presidenta, hay algo que no cuela y que mantiene a Manuela Armas atada a las políticas de siempre. Es cuando responsabiliza al PIL de la situación de Inalsa, recordando que tenían delegadas todas las competencias.
Y es cierto. A dónde ha llegado Inalsa y, sobretodo, lo que se ha dejado en el camino, es consecuencia de las políticas del PIL (digámoslo así). Pero nadie comprende cómo la Presidenta lo ha permitido. Con lo que, antes de todas las medidas anunciadas, Manuela Armas tenía que haber asumido su parte de culpa y pedir perdón al pueblo de Lanzarote por haber hecho, adrede, la vista gorda. Por lo demás, con un par, Presidenta.
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