Saqueadas

 

 

Martín del Mar

[Martes, 21 de julio de 2009]

 

 

 

 

 

Casi lograron convencernos, oye. Nos la pegaron hasta atrás. La exitosa consigna consistió en hacernos creer que la pérdida de competitividad de Lanzarote obedecía a los malos gobiernos y al bajo nivel de los representantes públicos. Que el atraso de la isla en materia de inversiones privadas, o públicas para infraestructuras básicas y equipamientos esenciales, se debía a la existencia de unas normas muy rígidas. Que la mala calidad de la obra pública era culpa de políticos ineptos. Que la isla se había instalado en la parálisis a causa de los ecologistas y a los que rendían culto al no por el no, instalados en posturas anti desarrollistas. Que, aquí, el rollete pasaba por invertir mucho, daba igual para qué, dónde y cómo. Que había que dar alas a la iniciativa privada. Y cosas por el estilo.

Nos adormecieron, pero ahora se nos están abriendo los ojos. Comenzamos a salir del letargo. Empezamos a saber que toda aquella retahíla argumental era en realidad una máscara, tras la que se ocultaba un sistemático saqueo de las instituciones públicas. Estaban mamándose los fondos públicos con descaro. Nos proponían mirar hacia otro lado mientras unos pocos se repartían lo de todos, a la vez que lo de todos se estancaba. Eso sí, surgieron fortunas de la noche al día. Carácter emprendedor, ingenio y éxito en los negocios, proclamaron. ¿Negocios? ¿Qué negocios?

El gran negocio ha consistido en desvalijar las arcas públicas, en donde cada año se acumulaban inmensas fortunas para invertir y gastar en el interés general. Nos distrajeron para, a la vez, reducir a papel mojado los controles en las Administraciones Públicas. Nos acallaron a base de pan, circo y migajas. Silenciaron y captaron a los medios de comunicación con contratos procedentes de los mismos fondos. Arremetieron contra los elementos más díscolos de la sociedad civil y acabaron por reventar el movimiento ciudadano.

La rapiña se fue abriendo paso y se fue generalizando. En la vida política comenzaron a emerger sujetos que se acercaban a ella no a servir a los demás, sino a servirse de los demás y a hacer fortuna. La apertura de los ojos auspiciada por los datos recientes nos invita a pensar que no sólo se cobraban comisiones, sino que se repartían las inversiones públicas hasta reducirlas a una mínima expresión. Así que es el robo sistemático de lo público, más el expolio en la esfera privada, lo que ha situado a Lanzarote a la cola del Archipiélago en calidad de vida. Con el paso del tiempo, nos sustrajeron la ilusión por una vida mejor en comunidad y nos despojaron de toda esperanza. La abstención era la solución propuesta.

Una vez devueltos a la realidad, será difícil no obstante admitir que el atraco ha sido una constante en muchas instituciones públicas durante demasiado tiempo. Que, al asaltarlas, nos han hurtado la posibilidad de que Lanzarote llegase a ser una isla modélica en todos los aspectos. Nos robaron el presente y así quieren seguir hacia el futuro, mientras nos drogan con un pasado a menudo perverso y manipulado. No nos han levantado las carteras de los bolsillos de puro milagro.

Mientras tanto, fíjate: no pasa nada. No hay enfado, no hay rebeldía. Ni movilización, ni contestación. No pasa nada de nada. Y lo poco que pasa trata de profundizar en la misma consigna y con los mismos argumentos, con la misma máscara.

 

 

 

 

 

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