
Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 13 de julio de 2009]
Pues me van a perdonar, pero con la que estamos pasando no acabo de ver lo de subvencionar con fondos públicos a un equipo profesional de fútbol. Así se llame U.D. Lanzarote. Lo que admite su discusión aún en tiempos de bonanza económica. Eso sí, los compromisos hay que cumplirlos, y si se consignó una partida para ayudar al equipo, debe ser sufragada. Ahora bien, de cara a la temporada que viene, y sucesivas, va a resultar muy difícil justificar subvenciones futboleras profesionales mientras haya gente que las está pasando canutas.
En la actual coyuntura económica, no es una prioridad pública contribuir a mantener un equipo de fútbol en 2ª B, tras ocho temporadas consecutivas en la categoría. Ni siquiera en 2ª A. Estos menesteres competen a una iniciativa privada, en general, poco amante del deporte y poco proclive a patrocinar equipos profesionales, en sus diferentes disciplinas. Si no se consiguió en pleno esplendor económico, será imposible en época de vacas flacas. Me da que en la temporada 2009-2010 va a resultar complicado incluso alquilar todas las vallas del estadio con fines publicitarios.
Admitámoslo: esta sociedad ha sido incapaz de llevar al equipo a cotas mayores a pesar de los ingentes recursos privados generados en el pasado por el fuerte crecimiento económico. La traslación a la isla del espejo del Villarreal deberá esperar tiempos mejores. Quizá esta situación ofrezca la oportunidad de construir un nuevo proyecto unificado de todo el fútbol insular con proyección exterior y de futuro, algo que no se consiguió en 1970.
Ya sé que la trayectoria del club no se merece acabar tirada en una cuneta. Y que hay un nutrido grupo de personas que cultiva este deporte que lo va a sentir mucho si, al final, no se encuentra una salida que viabilice económicamente el proyecto del equipo. Es así, cierto, pero en estos momentos le corresponde a cada cual pagarse sus aficiones. Hoy, y siempre, los dineros públicos deben administrarse atendiendo a los intereses generales y a las necesidades básicas de la población. Seguramente, entre estas necesidades se encuentre jugar al fútbol, pero por placer. El fútbol aficionado, que lo llaman, y bien bonito que es practicarlo. Así que ármese un animoso equipito local de austero presupuesto y a competir.
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