262 menos

 

 

Martín del Mar

[Martes, 7 de julio de 2009]

 

 

 

 

 

Junio registró 16.902 parados. Son muchos, pero hay 262 desempleados menos que en mayo, cuando se contabilizaron más de 17.000. En porcentaje, -1,53%. Buena noticia, ya que el paro venía creciendo, interrumpidamente, a razón de más de 500 efectivos de media mensual desde enero. Es muy probable que el mes en curso registre un nuevo descenso, al igual que agosto, pero el problema de fondo persistirá. Porque es estructural.

Por estructural se quiere decir que reverdecerá el empleo cuando pasen los efectos de la crisis económica global, pero nunca hasta el punto de alcanzar las cotas de esplendor vividas en los mejores años del crecimiento económico insular. Es estructural porque mientras no se modifique sustancialmente el modelo de desarrollo, el crecimiento que venga será incapaz de absorber a los actuales desempleados, más los jóvenes que tratan de incorporarse al mercado laboral cada año.

Se acabó el modelo basado en el binomio construcción-turismo, que tiraba con fuerza de otros sectores y ramas de actividad. En realidad expiró hace la tira, una vez se alcanzó y se sobrepasó con creces la capacidad de carga turística insular, aunque los principales beneficiarios lo estiraron hasta hacerlo trizas. A pesar de estar muerto (el modelo), lo subieron en un caballo y lo enviaron a seguir peleando en pro de sus beneficios. El caballo se llamaba Babieca, como los artífices de la idea del estiramiento de la piel isleña.

No habrá otro ‘boom' del turismo. Ni de la construcción. Ni inmobiliario. Habrá otra cosa, difícil de predecir, pero aquellos tiempos no volverán. Y mucho menos si el mundo se pacifica a toda prisa, como parece, y con la paz se estabilizan algunos destinos turísticos competidores. Ni aunque siga bajando el petróleo, oiga, y se abaraten los costes del transporte aéreo, regresarán los tiempos de apogeo.

El nuevo modelo habrá de ser necesariamente sostenible o no será. Como habrá de sustentarse en la diversificación económica y en cuanta más autosuficiencia mejor, en los campos energético y alimentario. En el nuevo modelo habrá que repensar nuevos nichos de actividad y nuevos negocios, trabajos y empleos vinculados con el mar, el viento, el sol, el paisaje, el agua dulce, la cultura o el medio ambiente. Todo ello con mucha tecnología y con carácter innovador.

Habrá que trabajar algo más, y sobre todo, mucho mejor para competir y vivir en el nuevo orden que todavía no ha comenzado a fraguarse. Se acabaron los márgenes de ganancia escandalosos, los negocios fáciles, no dar palo al agua y la mentalidad especulativa. Habrá, entonces, que recuperar las culturas del esfuerzo y del trabajo bien hecho que dejamos en la cuneta en nuestro tránsito colectivo hacia la prosperidad. También las culturas del ahorro y de la preservación de los recursos escasos. El destino nos brinda la oportunidad de recuperar algunos de los mejores signos identitarios del Lanzarote anterior. Lo mejor de lo que fuimos. ¡Qué rico!

 

 

 

 

 

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