
Mario Alberto Perdomo
[Martes, 7 de julio de 2009]
En Lanzarote se roba hasta a los desamparados y a los pobres. La deshonra y el deshonor insulares jamás cayeron tan bajo como tras la campaña ‘Kilo Solidario'. Ni en el pasado mandato, oye, que tuvimos siete presidentes, y a uno de ellos en el talego. Despachando, por cierto. Se esfumaron tres toneladas y media de alimentos que, en teoría, iban a repartirse entre diferentes ONG que trabajan con las familias y las personas que están pasando hambre debido a la crisis y al paro. Parece infinita la capacidad de asombro que genera esta isla. ¡Qué vergüenza!
Mientras averiguamos el paradero de los 3.500 kilogramos de alimentos recaudados con la campaña, las preguntas que debemos formularnos son obvias: ¿Estamos ante auténticos magos capaces de hacer desaparecer un tractor ante un público atónito? ¿Es cosa de pícaros y bribones? ¿Asistimos a un episodio de baja catadura moral, incluso inmoral? ¿Es ilegal apropiarse de la comida de los más débiles? ¿Es un equívoco, un error al sumar, un hurto o un robo? ¿Es falta o delito? ¿Esto es cosas de profesionales o de chorizos?
Hay que tener poca vergüenza para dar semejante golpe, que se asemeja a un descarado robo con violencia. Es descarado porque hay que tener jeta para gastar más de 18.000 euros en una campaña tan sensible, en lugar de donarlos a las ONG del ramo. Es un robo desde el instante en que los responsables de la campaña no fueron capaces de explicar qué rayos sucedió nada más conocerse los hechos. Y es con violencia porque mira que hay que obrar con ímpetu y fuerza, bruscamente, para quitarle la comida de la boca a quien pasa hambre.
Espero que la correspondiente denuncia haya sido cursada con firmeza y diligencia, porque no estamos ante un incidente político más de los tantísimos a los que nos hemos mal acostumbrado. Estamos ante un acto vandálico, ejercido con alevosía y premeditación, y ante un ataque frontal contra las más elementales normas de la convivencia democrática y civilizada. Un descarado robo con violencia, sin atenuantes y, posiblemente, con nocturnidad.
Tiempos de deshonra y deshonor, pues, para todos los que aquí habitamos. Lo que nos permite la alta honra y no menor honor de limpiar el nombre de Lanzarote y los lanzaroteños ante los demás y ante la historia. A ver cómo contamos por ahí que no somos una comunidad de rateros, con la que está cayendo. A ver qué hacemos para convencerlos. A ver cómo sanamos el inmenso dolor que sienten Cáritas y las restantes organizaciones altruistas. A ver cómo conseguimos seguir ayudando a quien lo necesita, pero garantizando que la ayuda llegue a su destino, porque ésta sigue siendo la prioridad.
Creo que toca presentar la correspondiente denuncia, si no se ha hecho ya. Lo demás, pura retórica. Blablablá, blablablá, blablablá... Cáscaras de lapa.
[Condiciones de uso | | ]