
Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 6 de julio de 2009]
Primero, negar la mayor. Y segundo, que nadie se desmarque, no sea que vaya a producirse la enésima escisión en el partido. Por eso, el mensaje ha sido: todo el mundo quieto. Prietas las filas. Resistir este nuevo embate de la justicia es prioritario y, para ello, es esencial mantener la identificación entre el líder histórico y el partido, como si fueran una misma cosa. Que lo son. Y, por último, caña al de siempre, incitando a una rebelión interna en el PSOE a la que se han sumado, encantados, los que perdieron el último congreso insular por 7 a 3, espiritualmente guiados por otro imputado: Segundo Rodríguez. Cualquiera diría que la carta la escribieron juntos.
La vida le era cómoda, a pesar de sus entradas al Centro Penitenciario de Tahíche. En el PIL no se tomaba una decisión importante sin que se le consultara. Importante o banal. Erigido en oráculo y en decisor único, gobernaba buena parte de la isla desde las áreas de su partido en las instituciones públicas. Como si la isla fuera su empresa. O, mejor, como si la isla fuera suya. Creía que así seguiría siendo, al menos otra generación más, a través de sus vástagos. Todo se le vino debajo de repente, a la espera de que se levante el secreto de sumario y se celebre el correspondiente juicio. De ahí su enfado, que vive como una intromisión en sus dominios, como una ilegítima injerencia.
Lo midió, pero arremetió contra quienes considera que están perjudicando sus intereses. Estamentos y personas. Yerra. Un nuevo ataque de soberbia, contenido esta vez, ha vuelto a cegarlo, pero no hasta el punto de desconocer que debe evitar que se derrumbe la moral de los suyos. De ahí a una espantada masiva, un paso. Y para evitar tentaciones sucesionistas en el PIL al margen del escalafón familiar.
Aquí sigo, regresaré, la suerte volverá a estar de mi lado, estoy entero, soy inocente, no formo parte de trama alguna, el PSOE utiliza contra mi a jueces, fiscales y Guardia Civil, mi traslado es un castigo injusto, quieren apartar al PIL del juego político, soy una víctima… Viejos recursos para fortalecer su decaído ego y para crear una dimensión casi mitológica de su persona, apasionados cultos mediante. El pasado se resiste a ocupar el espacio que le corresponde. Un espacio digno, pero pasado.
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