Nerón en Lanzarote

 

 

Mario Alberto Perdomo

[Martes, 30 de junio de 2009]

 

 

 

 

 

 

Nerón le pegó fuego a Roma. Se dice que es de dominio público, aunque los avances en la historiografía dudan de la autoría de Nerón. Con sólo 17 años de edad, el tataranieto de Augusto fue proclamado emperador por la guardia pretoriana, dirigida por el prefecto Burro. Deduzco que Burro comandaba la guardia pretoriana del emperador, además de ejercer como su principal ministro. La broma sería la siguiente: cuando, asesinatos mediante, un señor Burro coloca a un candidato a pirómano al frente de la cosa, lo más normal es que se produzca un devastador incendio.

El pilista Manolo Cabrera recurrió a Nerón y a la Roma incendiada para tratar de establecer un símil con los últimos episodios acaecidos en Lanzarote, apuntando al secretario general del PSOE. Estuvo muy desafortunado, pues confundió al incendiario con el bombero. Que ya es mezcolanza y equívoco. Manolo, quizá pretoriano de última hornada, sabe muy bien quién ha venido jugando con fuego en Lanzarote en los últimos 25 años. Tiene muchos más recursos dialécticos, y más potentes, para construir discurso político sin necesidad de culpar al bombero del incendio, o errar en su percepción entre el agua y el fuego.

Creo, sinceramente, que la isla está necesitada de sosiego, y no de palabras cargadas de material altamente inflamable tendentes a convertir a los verdugos en víctimas. Y viceversa. No vendría mal pelín de juicios críticos sobre obras y comportamientos propios para reconducir la nave del PIL hacia destinos ciertos, en lugar de jugar a reinterpretar la historia reciente sobre tesis falsas para evitar, quizá, fugas en masa. Ya no se puede sostener que el fundador es una víctima. El fundador es el problema.

Nerón estuvo tutelado por Séneca al principio de su mandato. No era un bárbaro, vaya. La moderación y la clemencia inspiraron los primeros años de su gobierno. Más tarde, Séneca cogió puerta y el emperador fue a lo suyo, a lo artístico y a lo visionario. En Lanzarote, se escarranchó y se erigió en árbitro único y jefe supremo desde 1983, prácticamente. En Roma, Nerón reconstruyó la ciudad y adoptó medidas para evitar nuevos incendios, lo cual no impidió que, al final, el Senado lo declarara enemigo público y acabara suicidándose. O haciéndose matar. Y, en Lanzarote, su sino actual es la cárcel y su destino está en manos de la justicia.

Hay quien pone en duda que Nerón incendiara Roma, como hay quien duda de la identidad del hombre que se ha erigido en el principal obstáculo para el desarrollo contemporáneo de Lanzarote. Fantasías y deseos al margen. Las cosas han sido y son como son, y no como a algunos les gustaría que fueran. Así que dejemos en paz a quien acaba de llegar con un balde de agua en la mano intentando combatir tamaño siniestro y centrémonos en la política, que es la única herramienta disponible para intentar reverdecer el páramo. Y, de momento, el PIL sigue fuera de la política. Regresará a ella cuando opte por la autocrítica profunda y sincera, por la ruptura radical con las formas y los símbolos del pasado, por el corte limpio con el culto al líder, por cercenar el componente dinástico, por la humildad y por solicitarle a Séneca que regrese, si es que alguna vez estuvo. Tirando pa'lante tras un congreso de refundación, es decir.

Perdón por el desliz. La vuelta de Séneca es imposible: Nerón le ordenó suicidarse.

 

 

 

 

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