Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 8 de junio de 2009]
Hay mucho ruido. Es comprensible el que procede de la población llana, que, enfadada, exige a sus representantes públicos que actúen con prontitud a la hora de limpiar la casa. Nada de medias tintas, se espera. No hay otro camino: los imputados deben apartarse o ser apartados.
Con tanto ruido no resulta fácil leer el que debiera ser el nuevo y obligatorio libro de cabecera en todas las mesillas de noche: el Código Penal. Sobresalta ojear los artículos citados por la Fiscalía hace unos días. Claro que sí. Al final, esta sociedad ha confundido hacer política o negocios con vulnerar preceptos penales. Y, seguramente, se ha olvidado no sólo de que hay normas, sino códigos éticos y estéticos que jamás deben ser sobrepasados. Urge su lectura, como es urgente que los partidos políticos organicen cursillos intensivos para enseñar cuáles son los límites en la acción pública.
Una vez concluya la Operación Unión, a cuyos últimos coletazos parece que estamos asistiendo, se necesita un período de introspección y de silencio. Por dos motivos. Para que la justicia pueda hacer su trabajo con rapidez, aunque con calma, y para que esta sociedad pueda reflexionar acerca de lo que ha construido al amparo de un proceso de crecimiento económico sin precedentes, acontecido en los últimos lustros. Difícilmente se sacará provecho de estos acontecimientos si no se lee el Código Penal y si cada cual no repasa cómo se ha venido conduciendo en la vida.
Los representantes públicos no son seres divinos. Nada más que un reflejo de la sociedad en la que viven. Duele repetirlo en estas circunstancias, pero es así. No creo ni en la pureza ni en la inocencia de la sociedad. El dinero y el éxito cegaron a una mayoría, dándose por buenas prácticas no ya inmorales, sino ilegales. Así de sencillo, por lo que no aprenderemos nada mientras sigamos preguntándonos cómo es posible que tal o cual gilipollez se considere cohecho. Pues sí. Tales gilipolleces son cohecho. Y marcan los límites.
No ha llegado aún el tiempo de la introspección y el silencio. De la toma de conciencia individual, si se quiere, pero mejor tener el Código Penal al alcance de la mano cuando llegue. De momento, la autonomía personal en el ámbito público se materializa votando. También en unas elecciones europeas.
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