Martín del Mar
[Martes, 2 de junio de 2009]
Cae en picado la llegada ilegal de inmigrantes africanos a Canarias. Una consecuencia inmediata es que los centros de internamiento rozan la plena desocupación. Las buenas nuevas no son noticia para el periodismo, paradojas de la profesión. Según los entendidos, las mejoras de los controles fronterizos tanto en origen como en destino y, sobre todo, la crisis económica global, disuaden a quienes intentan embarcarse rumbo a las Islas en busca de un mundo mejor. En lo que va de año, la caída se sitúa en la mitad en comparación con idéntico período de 2008, aproximadamente.
Hasta anteayer mismo, la inmigración ilegal de procedencia africana era, para algunos, no un drama humano de proporciones civilizatorias, sino un problema interno de enormes dimensiones que acabaría por hundir Canarias. En cambio, esos mismos algunos negaban que el cemento, el bloque y la corrupción estuvieran dañando el presente y el futuro de las Islas. De Lanzarote, en este caso. Afortunadamente, las estadísticas y la acción de justicia están removiendo tanta necedad.
No hay que caer en el engaño, no obstante, de creer que al venir en menor medida, el problema se ha resuelto. El problema sigue y está. Porque el problema no es que si vienen más o menos pateras y cayucos a las costas de las Islas, sino que la vida es muy difícil en el continente. Mientras haya hambre, guerras, pobreza, dictaduras y fundamentalismos de todo tipo, las personas intentarán emigrar. Con ciclo económico favorable o adverso, o con mayores o menores controles fronterizos, las personas tratarán de dejar sus países para establecerse en otro lugar.
El marketing político tiene estas cosas. Los estados de opinión se crean y se destruyen a conveniencia, con el subsiguiente respaldo de sendas encuestas. Por lo que se aprecia, aquel conflicto ha sido sustituido por la deuda histórica contraída por la Administración General del Estado con Canarias. Zapatero, en definitiva. La consigna de echar balones fuera siempre ha sido muy provechosa, pero sólo hasta cierto punto, ya que las personas acaban situando los problemas en su justo sitio. El paro en primer lugar, por ejemplo.
Ocupados como estamos en resolver las consecuencias de la crisis económica en los países ricos, la ayuda al desarrollo del tercer mundo ha pasado a un segundo plano en nuestras preocupaciones. Pero la situación en África no ha cambiado, y se espera que sus 600 millones de habitante se dupliquen en 25 años. La única diferencia es que ahora nos preocupamos más de nosotros mismos, ahora que vienen en menor medida. Pero el asunto de fondo es que siguen llegando y mirando hacia el norte desarrollado vía satélite, prefiriendo pasar penurias entre los ricos.
Además, con la que esta cayendo en Lanzarote, posiblemente la llegada de una patera ni sería cubierta por los medios de comunicación, ya que están sobrecargados de trabajo con la cobertura de los casos de corrupción. La misma corrupción que tanto se negó durante muchos años. Pero, aunque vengan menos, el hambre y la pobreza siguen existiendo ahí al lado.
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