Mario Alberto Perdomo
[Martes, 2 de junio de 2009]
En lugar de hacer conjeturas acerca de quién será el siguiente, el devenir de los acontecimientos, y, por supuesto, la forma de proceder de las autoridades judiciales y de la Guardia Civil, aconsejan sentarse en el porche a esperar. Unos a ver en qué acaba todo esto y otros a ver si son detenidos o si, por el contrario, lograr escapar de ésta. Así parece que están las cosas: muy controladas.
Por una vez, única y hermosa, la información no está en manos ni de pequeños círculos de poder ni de los profesionales de la comunicación. De ahí el ambiente de sosegada incertidumbre que se cierne sobre todos: vivimos el día a día al parte limpio. Ni filtraciones del sumario ni cáscaras de lapa; al fin, todos igualados. Lanzarote ya no es predecible, lo cual no deja de ser una sensación nueva, en los planos individual y colectivo, abriendo hacia el futuro inmediato amplios espacios para las reformas, la instauración de estrictos códigos éticos y las refundaciones. Para finiquitar el antiguo régimen, dinástico y caciquil, que aún coleaba ¡y de qué manera!, y sus reproducciones modernas.
Viene a cuento lo antedicho porque la población se ha dividido en dos grandes grupos. Los que tienen motivos para estar preocupados y los que no. En esta última categoría sitúo a una persona que no lo está pasando bien, muy querida para mí, acabada de llegar y que pasaba por allí por casualidad, viéndose envuelta en estos episodios y en la que, no obstante, creo firmemente. Así que todos al porche a esperar los escuetos partes oficiales. Este es el grupo de los espectadores.
En el otro grupo, el de los preocupados, me imagino que hay de todo. Cada cual sabrá, al ser cada uno dueño de sus actos. Todos estos tienen en común que llevan maletines, bolsas, velillos o similares, de los que han vaciado sus contenidos habituales para sustituirlos por el kit del preocupado. No lo busques en los comercios, ya que no está a la venta. Es puro auto equipamiento personal. Hay dos versiones. El menos sofisticado es el velillo, propiamente dicho, un bulto de ropa fácilmente transportable. El otro es el kit moderno, versión mini.
En sus variados envoltorios, el kit contiene un c onjunto de productos y utensilios suficientes para salir al paso, en el supuesto de que la preocupación se haga realidad de manos de los pedazos de roperos del Instituto Armado. Una muda, cepillo de dientes, hilo dental, peine, gafas de sol grandes, sombrero de ala ancha, pañoleta para el cuello y el rostro, corrector de ojos, un par de pastillas de paracetamol, gel de limpieza corporal en seco, una linternita, desodorante, una lima dentro de un bollo, hojilla de afeitar, un paquete de pañuelos desechables, colonia, una botellita de agua sin gas, un pastillero para los fármacos habituales recetados por el médico, lo suyo para las flojeras de estómago, un manual de yoga para situaciones extremas, gafas de ver de cerca, mp3 con la música favorita, diario y bolígrafo, pastillas relajantes de herbolario, un paquetito de galletas, y, por su puesto, el DNI y una tarjeta de visita con el número de teléfono del abogado. Todo lo cual no deja de ser una tontería, porque lo más seguro es que lo requisen por razones obvias.
Suma y sigue. Mientras tanto y para curiosidades, los chistes que ya comienzan a circular, que es que te partes del ingenio que destila la peña, y esta página Web que he pillado en el chat de la versión en Internet de La Voz de Lanzarote Diario:
http://lanzarotecorrupta.blogspot.com/
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