Martín del Mar
[Martes, 26 de mayo de 2009]
Faltan más de 1.300 médicos en las Islas, según el Sindicato Médico Canario, que denuncia que esta grave carencia se debe al incumplimiento de los acuerdos de febrero de 2008 por parte de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias. Asignando un porcentaje del 5%, en Lanzarote harían falta unos 65 médicos, aunque estos datos no son extrapolables linealmente. Pintan bastos...
Las cifras las obtiene el Sindicato Médico Canario del Instituto Nacional de Estadística (INE). Según datos ofrecidos por el INE en 2007-2008, la media de médicos en España por cada 100.000 habitantes era de 459,5 mientras que en Canarias era de 394,8. De ahí sale el déficit de 64,74 profesionales por cada 100.000 habitantes. Eso, unos 65 para Lanzarote.
Otro indicador para medir estas cosas es el número de pacientes por cada médico. La media estatal de atención de pacientes por médico está en 1.500 cartillas, mientras que en Canarias el 60% de los profesionales médicos de Atención Primaria supera esa media. Ello significa que cada médico dispone de menor tiempo de atención a cada paciente.
Más. Si tenemos en cuenta, por un lado, el vigente númerus clausus, que limita el número de plazas que se ofrecen anualmente en las facultades de medicina, y, por otro, el creciente envejecimiento del colectivo médico, resulta que a medida que pasan los años, habrá menos médicos por cada 100.000 habitantes. Se jubilarán más de los que obtengan el título. Puede que sea un chollo para los médicos, no lo sé, pero la población seguro que no lo ve nada claro.
Si a todo ello añadimos que, si la Consejería de Sanidad no lo remedia, se limitarán las sustituciones del cuerpo médico en los supuestos de baja o vacaciones, más peludo se presenta el panorama a una población que cada vez demanda servicios sanitarios de mayor calidad. O servicios sanitarios dignos, sencillamente. La pérdida de confianza en la sanidad puede ser tremenda. Este es el panorama.
Recortar en salud o en educación, como ha sucedido con las enseñanzas de Formación Profesional y las Artísticas, no parece que sea lo que la ciudadanía espera en tiempos de crisis, aunque se comprenda que es necesario disminuir los gastos públicos. Si han de cercenarse, hágase, pero sin rebajar los gastos sociales. Al final, la paradoja de estos tiempos hace pagar a justos por pecadores, teniendo que soportar los más débiles las consecuencias de la paranoia neo liberal que recorrió el mundo en los últimos años.
Con ser un problema en sí mismo, lo más grave de esta situación es la escasa movilización que se observa entre los colectivos afectados, sean médicos o pacientes, profesores o alumnos. Quien más o quien menos, se ve en la necesidad de acudir al médico, o tiene un chico estudiando. Por eso llama la atención la falta de respuesta, la apatía. Quizá la resignación se haya adueñado de la isla, la sensación de que no hay nada que hacer, que no merece la pena intentarlo siquiera. Que todo está mal y que irá a peor.
Pues nada, también aquí habrá que ponerle una vela a la Benemérita, a ver si lo arreglan mediante una sorpresiva intervención...
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