Víctor Sanginés
[Lunes, 18 de mayo de 2009]
Ya ha pasado casi una semana y todavía te sentimos, te intuimos y por supuesto te seguimos escuchando. Ha sido intenso recordar toda tu discografía con Nacha Pop y después en solitario, tus colaboraciones, tus entrevistas, tus magníficos directos y por supuesto tus vivencias. Esa voz rasgada y esa silueta que aguantaba el duro paso de los años.
La noticia llegó: se apagó tú voz. Pero no tus canciones y, sobre todo, tus letras, únicas, distintas, sin duda las mejores. Algunos reíamos con ellas, nos divertíamos, llorábamos pero en el fondo lo más importante es que las sentíamos, formaban parte de nuestra vida y seguirán siendo parte fundamental de todos nosotros, de quienes te conocimos y disfrutamos de tu creación.
“¡Eh tú!, no lo pienses más o te largas de una vez o no vuelvas nunca hacia atrás”... “Se dejaba llevar por ti...” bueno fue lo que le pasó y lo escribió. Lo sabía y eligió vivir así, por lo menos nos hizo el favor de crear las más bonitas canciones que jamás hemos escuchado y siempre su obra estuvo por encima de su vida, sus devenires no le interesaban a nadie porque él lo quiso así.
Y en 1980 compuso la canción, mi canción, la de muchos, la de todos. La hizo con apenas veinte añitos, fue su obra maestra, ese tema que cuando suena todos tararean, la canción que todos nos sabemos, la que nos pone los pelos de punta, la opera prima, la mejor. Muchos la han versionado y es tan bonita que no la han podido destrozar, es imposible. Marcó una época, una ideología,una ciudad, un barrio, un bar, una forma de ser... “La chica de ayer”.
Con su muerte la música española queda huérfana, pero siempre nos quedará su recuerdo, su esencia, su gran tesoro: sus letras... el penta.
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