CARTAS AL DIRECTOR

 

Alegaciones contra la cetrería

 

 

Manguia

[Lunes, 18 de mayo de 2009]

 

 

 

 

En Canarias los cazadores hemos cuidado la caza menor durante muchas generaciones, con la presión justa para que se pueda seguir cazando en terrenos libres unos pocos días al año. Introducir la cetrería sería aumentar la presión los días de descanso sobre las piezas de caza. A este paso, lo siguiente será introducir nuevos sistemas de caza, el reclamo de perdiz, los ojeos, las redes, sistemas tradicionales en otras zonas de España, acabando así con el patrimonio cinegético.

En algunas comunidades de España en las que se practica la cetrería de forma tradicional, (hay comunidades en las que está prohibida) se hacen cotos privados y por lo general sobre caza sembrada. En terrenos libres como los canarios no se practica. Los cetreros han llegado a Canarias, y nunca mejor dicho, han visto la pájara echada. En la caza salvaje la cetrería se practica sobre liebres, conejos, perdices, urracas y otras aves dañinas. En Canarias se practicaría sobre la perdiz casi de forma exclusiva, no hay liebres ni urracas y los conejos están casi siempre escondidos. En Lanzarote y Fuerteventura, al haber poca vegetación, la perdiz no tendría defensas frente al ataque de la rapaz.

El ave de cetrería no es selectiva, sin un lance de caza si se le cruza un ave protegida la mata. Lo mismo puede ocurrir si se pierde, atacaría a cualquier ave sea protegida o no, sea día hábil de caza o no. A la colombicultura, ésta sí muy arraigada a Canarias, espera un futuro muy negro. Son muchos los ataques de las aves de cetrería a palomas que cuestan millonadas, sino que lo pregunten en la comunidad valenciana.

Además el ave necesita para su entrenamiento matar durante todo el año, diez o doce días que dura la temporada de caza no es suficiente, por lo que se precia mucho al furtivismo, al ser un método de caza silencioso. De hecho a día de hoy hay muchas denuncias en Canarias de esta práctica.

Lo peor de introducir la cultura de la cetrería en las islas es el expolio de los nidos de las aves rapaces salvajes, dada la dificultad de su reproducción en cautividad. No digo con esto que todos los cetreros roben nidos, sino que ese deporte es el que genera el expolio, o roba el cetrero directamente o lo roban para venderlo a los cetreros. En las comunidades con más arraigo cetrero, a pesar de la vigilancia, roban todos los años los nidos hasta que las parejas nidificantes desaparecen.

En Lanzarote tenemos la experiencia de los expolios de los nidos de pardelas de las que hay muchos miles. Halcones peregrinos se cuentan con los dedos de una mano, de las otras variedades hay también poquísimos de hecho se ha vedado el Risco de Famara y el Archipiélago Chinijo para protegerlos. A estas aves si se le roban los nidos acabaremos con ellas en poco tiempo. Las llevamos protegiendo muchos años para luego implantar una cultura que acabará con ellas.

El plazo de quince días que se ha fijado es insuficiente para que las asociaciones ecologistas, las sociedades colombófilas, las sociedades de cazadores y los canarios en general podamos reaccionar. Se parece esto mucho a una imposición colonial, curiosamente impuesta por un canario. Señor Consejero, aunque lleguemos tarde espero que los canarios lo hagamos famoso no solo aquí sino en Europa como el que inició el exterminio de las aves protegidas en Canarias siendo para colmo, consejero de medio ambiente.

Lo más absurdo del decreto es que pretende contentar a veinte godos en contra de una comunidad. Señor Consejero, legalice los toros y contentará a veinte mil.

Entendiendo por godo lo que entendemos todos, aquel peninsular que en Canarias intenta imponer su cultura despreciando la nuestra. También hay algún canario que se suma a esta corriente.

 

 

 

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