Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 11 de mayo de 2009]
En abril, no hubo aguas mil en Lanzarote. La cosa pinta tan mal que ni la lluvia se dejó ver. El cierre del mes revalidó a la isla en el liderazgo del paro en Canarias, una Comunidad Autónoma que registra la tasa de desempleo más alta de España, país que, a su vez, cuenta con la tasa más alta de la Unión Europea. Por si fuera poco, el mes en Lanzarote concluyó con la cesta de la compra más cara del Archipiélago. Alto desempleo y carestía en los alimentos es una combinación explosiva. Y más, cuando crece sin cesar el número de parados que carecen de cobertura.
Cuando nos fue bien, se presumía de crecimiento económico y de capacidad para generar empleo, aunque se echó en falta un desarrollo cualificado, sostenido en el tiempo y sostenible en sus contenidos. La fragilidad del sistema y del modelo productivo era de tal envergadura que, ahora, cuando nos va mal, la isla avanza con paso firme hacia una situación excepcional en un crítico contexto regional y mundial.
Como es sabido, las situaciones excepcionales exigen medidas excepcionales. Por eso la población espera de las Corporaciones Locales que actúen en consecuencia, y de los niveles administrativos autonómico y estatal que sean sensibles con la isla. Sensibilidad en estos tiempos quiere decir que se rasquen el bolsillo con inversiones públicas y transferencias de capital. Ya no se espera un cambio de tendencia del ciclo económico, sino actuar ya con medidas paliativas para reducir el sufrimiento, mitigar la violencia de la crisis y refrenar que se extienda con rapidez.
La limitación es que los presupuestos públicos dan para lo que dan, y, al igual que los 23.000 parados lanzaroteños, los 250.000 desempleados canarios y otros 4 millones españoles esperan lo mismo de las Administraciones Públicas. Y, seguramente, aguardan gestos de solidaridad provenientes de quienes aún conservan su puesto de trabajo. No sé... Que cada tres ocupados ‘adopten' a un parado. Que los trabajadores públicos reduzcan voluntariamente sus sueldos en un 10%, que serían destinados a situaciones de emergencia social... No sé.
Como quiera que sea, parece imprescindible comenzar a pensar de otra manera. Hasta que no se piense de otra manera, no se actuará de otra manera. En las esferas individual, colectiva y pública.
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