Inversiones y crisis

 

 

Mario Alberto Perdomo

[Viernes, 8 de mayo de 2009]

 

 

 

 

Para afrontar la crisis, o para aliviar sus efectos, se ha de echar el resto con los presupuestos públicos. Esta idea circula a gran velocidad por todo el mundo desarrollado y, de hecho, es raro el Gobierno que no está haciéndolo. Los planes de Obama y Zapatero son dos buenos ejemplos. El riesgo que se contrae con ello es el excesivo endeudamiento público en una fase de caída de los ingresos. Sin embargo, las situaciones extraordinarias requieren medidas extraordinarias, y es aquí donde el sector público puede y debe actuar como un agente dinamizador de la economía, aunque resulte fastidioso que la iniciativa privada niegue la presencia de lo público en épocas de bonanza.

Es posible que una de las consecuencias de esta crisis sea acabar con la generalizada creencia de que los beneficios siempre son privados, mientras que las pérdidas se socializan. Pero, de aquí a allá, no queda otra que hacerle frente a la situación con todos los recursos y los medios disponibles. Atacar la crisis con todo el instrumental disponible es lo que ha solicitado la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Lanzarote. Ante la lejanía y la doble insularidad, propone el abaratamiento de los costes del transporte, sobre todo el marítimo. Ante la parálisis y el paro, sugiere que la Administración General del Estado y la Comunidad Autónoma se impliquen financiando y ejecutando diversos proyectos de envergadura. Entre otros ejemplos, el presidente de la Cámara de Comercio cita la ampliación del Aeropuerto y del Puerto de Arrecife o la reforma urbanística que conlleva el encuentro pendiente entre el Puerto y la ciudad.

España tiene la tasa de paro más alta de Europa. Canarias, la más alta de España. Y Lanzarote, la más alta de Canarias. Hay, pues, argumentos para la petición, a los que podría añadirse el déficit inversor acumulado en los últimos lustros por el Estado y la Comunidad Autónoma canaria. No obstante, es oportuno subrayar que las inversiones públicas debieran ser intensivas en fuerza de trabajo, por razones evidentes, y que el beneficio industrial de las empresas licitadoras de la obra pública no puede ser el de otros períodos. Otra cosa es el gasto público. Hoy, los servicios esenciales son más necesarios que nunca, por lo que, lejos de caer o mantenerse, debe aumentar.

Así que parece que el sector público debe invertir más e incrementar el gasto público, cuando está ingresando menos. ¿Milagros? No, déficit y endeudamiento, porque de nada sirve darle a la maquinita de fabricar dinero.

Aunar los esfuerzos y los recursos disponibles, públicos y privados, es un rasgo de estos tiempos. Una misma dirección y un mismo sentido. Por eso, deben entenderse los Estados Unidos y la Unión Europea, los países desarrollados y los subdesarrollados, las patronales y los sindicatos, los Gobiernos de España y de Canarias, la Comunidad Autónoma canaria y los Cabildos, los Cabildos y los ayuntamientos, y, por último, el sector público y el privado. Pensar con rapidez, acordar con rapidez, presupuestar con rapidez, proyectar con rapidez y ejecutar con rapidez es otro rasgo de estos momentos. Eso significa que no hay tiempo para detenerse a discutir sobre viejos antagonismos, ni para detenerse en mimoserías, amulamientos o chorradas. Respeto mutuo, distinguir lo fundamental de lo accesorio y pa'lante.

Por eso me gusta el nuevo estilo que Ana Oramas está imprimiendo a las relaciones del Gobierno de Canarias con el Estado.

 

 

 

 

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