Contra el paro

 

 

Mario Alberto Perdomo

[Miércoles, 29 de abril de 2009]

 

 

 

 

 

Inmediato cierre de filas para combatir la destrucción de puestos de trabajo. No hay otro objetivo más importante en estos momentos. Buscar (o inventar) culpables del creciente desempleo no sirve para nada. Ajustar cuentas, menos todavía. Las pocas energías disponibles hay que aplicarlas con cabeza en la búsqueda de soluciones. Junto a la lucha contra el paro, aparece otro objetivo no menos importante, cual es el fortalecimiento del gasto social para atender a las familias en situación de riesgo al perder no sólo sus puestos de trabajo, sino las coberturas por desempleo. Todo lo demás puede esperar, sobre todo la legítima lucha por el poder.

Aunque esperadas, las últimas cifras son escalofriantes. La tasa de desempleo en Canarias es la más alta de toda España, con un 26,1%. La de España, una de las más elevadas de la Unión Europea. A 31 de marzo, la de Lanzarote es la más alta del Archipiélago, con un 28,7% y 22.600 personas desempleadas. De ellas, 13.000 son varones. Rebasaremos la frontera del 30%, que nadie lo dude, ya que abril y mayo son meses históricamente malos desde el punto de vista de la afluencia turística. A partir de junio, la situación dejará de empeorar. Después, veremos…

Nada menos que 13.000 personas han pasado a formar parte de las listas del desempleo en la isla en un año, lo cual expresa la extrema debilidad del sistema. La fotografía actual es idéntica en Fuerteventura, una isla que ha seguido el mismo modelo de desarrollo que Lanzarote. Su tasa de paro es sólo unas décimas inferior a la nuestra. Ambas albergan un enorme potencial de creación de empleo cuando el ciclo económico es favorable, pero ese mismo empleo se destruye velozmente cuando la coyuntura es adversa. La especialización en el turismo y en sus servicios complementarios explica esta situación. O, lo que es lo mismo, la escasa diversificación y la dependencia del exterior de ambas economías, que se resienten cada vez que sopla un viento adverso desde el exterior.

Un modelo productivo no se cambia en cuatro días. Ni en cuatro años. Hace falta tiempo para diseñar, proponer, presupuestar, ejecutar y consolidar nuevos procesos productivos. Ya se ha hecho antes en Lanzarote, así que hay que volver a hacerlo. Y la tarea no compete únicamente al sector público. Ahora bien, lo único bueno de la crisis es que sanea la economía y erradica las malas prácticas. Así que se acabó la especulación, una manera de entender el mundo de los negocios que se extendió como una lacra en todos los ámbitos de la sociedad, contaminándola. A partir de ahora toca apostar por la autosuficiencia y por la economía productiva, basada en mucho trabajo y bien hecho, en productos y servicios de calidad, en proyectos a largo plazo y en márgenes de ganancias normalitos, entre un 15% y un 20%. Quien quiera hacerse rico montando una empresa cualquiera, que se lo vaya quitando de la cabeza. Esa época ya pasó.

De aquí a allá media una larga etapa de transición. Lo pasaremos mal, pero saldremos de ésta. Para acortar esta etapa hay que dejar de lado las diferencias y centrarse en lo fundamental: en lo prioritario y en lo que une. Llega el tiempo de la altura de miras, de la generosidad y de la solidaridad entre patronales y sindicatos, entre ocupados y parados, entre gobernantes y opositores, entre partidos políticos y entre distintos niveles de la Administración Pública. Es el tiempo de los grandes valores y los grandes principios. Ahora, más que nunca, da igual dónde se nació: es el tiempo de los seres humanos, porque, juntos, podemos sacar el máximo rendimiento a eso que llamamos civilización.

 

 

 

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