Mario Alberto Perdomo
[Lunes, 27 de abril de 2009]
Año 1919, 24 de abril, nace César Manrique. 2009, 24 de abril, Manrique cumpliría 90 años. Hace 17 que ya no está. Murió antes del primer aniversario de la entrada en vigor del PIOT y, a partir de ahí, se perdió apasionados debates y confrontaciones abiertas sobre la defensa del territorio y la contención del crecimiento turístico. Qué diría si viera entrar en los Juzgados, uno tras otro, a alcaldes y ex alcaldes imputados por una manera de entender la cosa pública sencillamente corrupta, junto a los supuestos cerebros y los ejecutores que tendieron las celadas a la isla hasta conducirla a la desesperanza... No hay manera de averiguarlo.
Por lo que sabemos de su vida anterior, estaría en el ajo, seguro, partiéndose la cara ante los especuladores y los avariciosos, aguantando mecha como cualquier otro y cansado de oír: “¡César, cállate!”. Cabe pensar que sería así, aunque otros lo preferirían de otra manera: sin compromiso con el espacio público, centrado en el arte y la naturaleza, embajador ante el mundo sólo para captar más turistas, en su estudio pintando, asistiendo a saraos para dar un toque de glamour, anfitrión de personalidades, obteniendo premios y galardones y ofreciendo entrevistas únicamente para narrar las excelencias de la isla. Carne de papel couché. Otros, en definitiva, lo preferirían como una coartada para dar lustre a sus negocios, pero mirando hacia otro lado.
Como ya no está, todo queda en el terreno de la conjetura. No está él, pero queda la Fundación que creó para dar continuidad a su obra y a su pensamiento. Hace 17 años que está y se ha situado, responsablemente, en el centro de los debates y las confrontaciones en la defensa del territorio y la contención del crecimiento turístico, desde una concepción amplia y moderna de la cultura. A Manrique sólo se le puede presuponer mirando la trayectoria de la institución que fundó, que es inequívoca. Está en el ajo, partiéndose la cara ante los especuladores y los avariciosos, aguantando mecha como cualquier otro y cansada de oír: “¡Cállense ya!”. Claro, otros la preferirían de otra manera: sin compromiso con el espacio público, centrada en el arte y la naturaleza… Carne de papel couché. Económicamente dependiente, sumisa, cautiva y amordazada. Pero guapa, eso sí. Muy guapa.
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